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LA HUELLA DIGITAL

Mil y un usos de los perfiles ideológicos

REUTERS

Mil y un usos de los perfiles ideológicos

Liliana Arroyo

Recabar datos de donde sea resulta incongruente con reconocer la soberanía de las personas

En mayo del 2018 entró en vigor el Reglamento Europeo de Protección de Datos. Nos dimos cuenta porque nuestras bandejas de entrada se llenaban de 'e-mails' pidiendo nuestro consentimiento para seguir inundándonos con información, mensajes y propaganda. Esa molestia, el consentimiento explícito, es precisamente uno de los logros de este reglamento, pues la premisa principal es que los datos personales son de las personas. Ninguna empresa debería hacer nada con nuestra información sin nuestro permiso.

España está ahora transponiendo el Reglamento en el Proyecto de Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal. Hay novedades importantes, como un título dedicado a 'Garantías de los derechos digitales'. Estas van desde lo más básico, como el derecho al acceso universal a internet, a lo más complejo, como el derecho al testamento digital. ¿Qué ocurre cuando tú te vas pero tu huella digital se queda?

El artículo más polémico, el 58 bis, abre la puerta a la generación de ficheros extensos, casi censos, de opiniones políticas y perfiles ideológicos. No obstante, y ahí es importante detenerse, recabar datos de donde sea (redes sociales, a través de 'cookies', historial de navegación y demás) resulta incongruente con un clima legislativo que reconoce la soberanía de las personas frente a sus datos. Incluso cuando se ampara en el "interés público".

La Asociación Española de Protección de Datos desmiente que eso sea del todo posible y avisa de que será rigurosa con ello.  En paralelo, hay cinco principios básicos en el manejo de los datos. Veamos si el 58 bis los cumple:

1) Minimizar la información

Tal y como está provisto el artículo, plantea recoger todo lo posible "por si acaso". Edad, género, código postal, posición ideológica… Pero también si tienes cuenta en 'apps' de ligarhaces apuestasmiras pornovas a la iglesiadónde trabajas o tu manía rara. Sobre todo en períodos de campaña electoral, cuando se identifica que un pueblo determinado la mayoría pende de un escaño arriba o abajo. Recoger todos los rastros posibles para detectar la indecisión y poner un anzuelo afín, puede ser de vital importancia.

2) Que sea actualizada y precisa

Cuando colgamos una foto de la paella del domingo o compartimos una noticia, no estamos pensando ni en Pedro Sánchez, ni en Pablo Casado, ni en las candidaturas de la campaña. Pensamos en nuestros círculos, parientes y contactos profesionales. Es más, si la colgamos hoy, ni se nos ocurre que esta información se pueda usar para las europeas de primavera o si en el 2028 les interesará descifrar nuestra trayectoria en el espectro ideológico. Por otro lado, está comprobado que los perfiles están nutridos de información de dudosa calidad en el momento que compartimos el 80% de los contenidos sin leerlos, sin ver los videos y sin contrastar fuentes.

3) Con un propósito específico

En este caso, el fin es conseguir votantes y el medio es la propaganda electoral convertida en una campaña de marketing 'on line'. Podemos esperarnos mensajes emocionales, incentivos –veraces o no– pero convincentes, que juegan con algo tan humano como el sesgo de la autoconfirmación. Esa regla que nos hace ver como correcto aquello que coincide con nuestras preferencias sobre el mejor equipo de fútbol, la opinión hacia los refugiados, la república catalana o el medio ambiente. Añadimos aquí el hecho que los partidos políticos contratarán agencias de contenidos para ello, poniendo en manos privadas información privilegiada.

4) Para un uso no discriminatorio

La discriminación está servida en el momento que se hiperpersonalizan los mensajes. A tí por Whatsapp y a mí por Facebook, según el tiempo que pasemos en cada plataforma. Y volviendo a la información afinada y adecuada, ¿qué ocurrirá con los desconectados sin huella digital? Pues seguramente seguirán invisibles. El problema es tomar algo como espejo si en realidad  es una caricatura borrosa.

5) Por un tiempo limitado

La campaña electoral tiene un principio y un final pero, ¿qué garantías tenemos de que esa información se siga utilizando por el partido ganador? Si fueras el líder de un partido conservador y estuvieras calculando el presupuesto de material escolar, ¿darías lo mismo a un centro que está en un barrio favorable al aborto que uno provida?

Lo que está claro es que acceder a toda esa información permite modelar el mensaje y recrear una realidad hiperpersonalizada, apuntando a lo que queremos oír y poniendo en jaque las reglas del funcionamiento democrático. Ya lo vivimos con el escándalo de Cambridge Analytica en las presidenciales estadounidenses del 2016 (cuya polémica llevó a Mark Zuckerberg a comparecer ante el Congreso norteamericano), en Reino Unido para el referéndum del 'brexit' o la victoria de Bolsonaro en Brasil con una estrategia basada en noticias falsas vía Whatsapp.

Si viajamos un poco más, llegamos al sistema de crédito social chino, donde cada ciudadano tiene una puntuación de acuerdo con su afinidad al partido. No sirve para hacer campaña, sino para discernir y separar. En caso de colas de espera, los afines conseguirán antes que los opositores una visita médica, un asiento en el avión o un contrato laboral.