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Dos miradas

El campanario de la iglesia de Sudanell, cerca de la ciudad de Lleida.

El campanario

Emma Riverola

La reflexión compartida en el Obrador de filosofía de la Beckett entre personas de ideologías muy diversas dio un poco de luz a unos días que llegan cargados de identidades excluyentes

Un pequeño pueblo del Pallars donde parece que no pasa nada. Que nunca pasa nada. Pero las campanas suenan, cada hora. Y no todos están de acuerdo con ese sonido al que la tecnología ha robado toda su utilidad. ¿Acabar con una matraca innecesaria o mantenerla como poética seña de identidad del pueblo? Este fue el punto de partida de una interesante pieza escénica leída la semana pasada por el Obrador de filosofía de la Sala Beckett. Diferentes personajes reflexionando sobre la identidad, la nostalgia, el peso del pasado (a veces, idealizado), el sentimiento de pertenencia a un grupo… Pero las opiniones pronto se convierten en sentencias y se endurecen tanto que acaban transformándose en piedras. Alrededor del sonido de una campana se erigen los muros de la fortaleza, de la cerrazón. Hasta que estalla el odio.

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Después de la lectura escénica, hubo un debate entre el público y los miembros del laboratorio de filosofía. Y, de repente, se obró el milagro… El milagro de dialogar. Más de una persona reconoció su incomodidad, cómo se había sentido primero identificada con un personaje y, cómo después le había impactado su fatal evolución. Y esa sinceridad, esa reflexión compartida entre personas de ideologías muy diversas dio un poco de luz a unos días que llegan cargados de identidades excluyentes, donde el repicar de las campanas pesa más que las voces. Afortunadamente, más allá de Twitter, nos queda la cultura.