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Una imagen del documental The truth about killer robots.

La pesadilla ya está aquí

Lucía Lijtmaer

La más común de las pesadillas futuribles -cuando no son los titulares climatológicos que realmente están por venir y a los que no estamos haciendo caso- es que llega un ser extraño a matarte. A ti. Sí, a ti. El por qué es insignificante, al fin y al cabo supone simplemente el menos laborioso de los giros de guión -por supuesto que me van a matar a mí, yo soy el centro de todo-, pero el quién suele variar entre dos extrañezas.

El alien, que en inglés quiere decir extranjero, extraño y extraterrestre, es una de las opciones más recurrentes. Un ser generalmente tentacular o artrópodo, con antenas y viscosidad corporal, que devorará tus entrañas y se hará con el control de nuestros bienes más preciados -agua, viento, quién sabe-.

Nada más aterrador que una máquina que una vez liberada de las leyes de la robótica se dispone a matarte


La segunda extrañeza posible es el robot asesino. Nada más aterrador que una máquina que una vez liberada del yugo de las leyes de la robótica se dispone a perseguirte hasta matarte. Puede ser Terminator, HAL en '2001', los Jaegers de 'Pacific Rim', lo importante es que la tecnología se rebela, el sistema operativo toma conciencia de su propio ser y ante la injusticia, sale a por todas.


Esta pesadilla recurrente es la base del documental 'The truth about killer robots', que se estrena en HBO para darnos las atroces y realistas posibilidades de que esto pase: ante un mundo cada vez más mecanizado, los robots matan. Quizás no sea bajo la imagen de Arnold Schwarzenegger, pero los brazos robotizados, la automatización de la fábrica, el dron vigilante, en definitiva, todas estas máquinas, de alguna manera u otra están diseñadas para acabar con la vida.

De todos los robots que matan, quizás el más aterrador es aquel que no se intuye y no se ve: la logística automatizada, el robot total, inaprensible. El que puede dejarte atrapado en la sauna de un gimnasio a las cuatro de la mañana, que va subiendo su temperatura, quizás por error, quizás no. Sí, esta es una pesadilla personal y no sé si transferible. Discúlpenme, se ha tratado solamente de un error. Un error humano.