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Editorial

No hay democracia sin humor

Ceder a la ultraderecha en casos como el de Mongolia nos debilitaría como sociedad libre y la alentaría a seguir perseverando en sus amenazas

Darío Adanti y Edu Galán, de la revista ’Mongolia’.

Darío Adanti y Edu Galán, de la revista ’Mongolia’.

Por fortuna para la libertad de expresión y para la propia democracia, los responsables de La Rambleta, un centro cultural de titularidad municipal pero de gestión privada de València, cambiaron su primera decisión y comunicaron que este fin de semana acogerán el espectáculo de la revista 'Mongolia', a pesar de las "amenazas directas" de la ultraderecha a los trabajadores del centro. La rectificación es una buena noticia después de que, finalmente representantes de la Delegación del Gobierno y las fuerzas policiales garantizasen la seguridad tanto en el interior como en el exterior del espectáculo.

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Hubiera sido inconcebible que una obra humorística fuese acallada por la misma ultraderecha que se pasea por las calles con total impunidad, luciendo sus símbolos franquistas, con el brazo en alto y cantando el ‘Cara al sol’. Hace unas semanas, el Teatro Olympia de València canceló la actuación de Dani Mateo por las amenazas recibidas por la ultra España 2000, cuyo líder, José Luis Robertoha incitado también el boicot a Mongolia. En ningún caso la extrema derecha puede decidir en España quién debe y quién no debe actuar.

Es comprensible el temor del centro cultural y las dudas iniciales de las autoridades, pero cualquier cesión a la ultraderecha nos debilita como sociedad libre y solo contribuye a que sigan perseverando en sus amenazas. ¿Cuál será la próxima actuaciónmanifestación o asociación que pondrían en su diana? El humor no puede ser la primera víctima del fanatismo.