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IDEAS

Sede de Google en Silicon Valley.

El lugar que innova

Jaume Subirana

En el documental ‘Silicon Valley: The untold story’ se desgrana el éxito (y las crisis, cada vez superadas) del lugar que hoy es la meca de la alta tecnología y el ‘social media’ pero que hace menos de un siglo (cuando se llamaba valle de Santa Clara) eran todo campos de frutales. Me interesan las razones que los especialistas y alguno de los protagonistas de la historia de este espacio aparentemente mágico aportan para explicar por qué tantas marcas y tantos inventos hoy esenciales para nuestras vidas han nacido o han crecido justamente allí, y no en otro lugar . Uno de los casos emblemáticos es el de Facebook, creado por Mark Zuckerberg en Boston pero ‘realizado’ y expandido en Silicon Valley. Y podríamos añadir a la lista Adobe, Apple, Cisco, eBay, Google, HP, Intel, Netflix, Oracle, Tesla y tantas otras.

Los expertos hablan de una "magia cultural" que hace que las cosas funcionen, y poco a poco concretan la supuesta magia: un ecosistema tecnológico, como una gran incubadora de talento, con la combinación perfecta de condiciones, gente y ambiente; un espacio relativamente reducido con una alta concentración de talento, con el ‘ethos’ de inventar y construir, la suma de ingenieros y emprendedores. Tomo nota mental respecto a lo que me interesa, que es la cultura en mi país. O mi país como lugar donde esto podría pasar en el mundo de la cultura si supiéramos traducirlo en términos ‘nostrats’. ¿Cómo premiar las ‘start-up’ culturales? ¿Cómo aumentar la resiliencia de las iniciativas? ¿Cómo incitar a empresas e instituciones a abandonar, como recomienda Don Valentine, fundador de Sequoia, aquello en lo que eres bueno para dedicarte a otra cosa en la que puedes ser mejor?

No soy bobo, Catalunya no es California. Pero es bueno buscar alternativas al sencillo ‘ir haciendo’. Pensar alejados de la espiral de grandes equipamientos con pocos recursos o subvenciones y premio con foto. Hábitat favorable, gente con talento, todo el mundo conectado y condiciones motivadoras. ¿Quién ha dicho que la alternativa al turismo no puede ser convertirnos en un gran nido o ‘hub’ cultural? Las condiciones y la materia prima existen. Hay que cambiar dinámicas y hacer política. Y eso cuesta más que pagar una campaña de publicidad.