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La primera ministra británica, Theresa May.

AFP

'Brexit': No cantemos victoria todavía

Carlos Carnicero Urabayen

Theresa May tiene ahora el reto de convencer a su Gobierno de que el acuerdo alcanzado con la UE abre el mejor escenario posible

Quienes estamos apenados y vivimos como un fracaso la salida británica de la Unión Europea, podríamos caer en la tentación de cantar victoria ante la noticia del acuerdo sobre la frontera de Irlanda del Norte, la gran roca en el camino para lograr un divorcio civilizado. Tal y como están las cosas en este mundo de Trumps y Bolsonaros, es humano celebrar casi cualquier cosa. Pero no lo hagamos todavía. Guardemos, por el momento, los destilados británicos en el armario.

Es verdad. El abismo, la posibilidad de romper por las malas, creando caos y crisis económica en ambos lados del Canal de la Mancha y dejando en la incertidumbre a los europeos que viven en el Reino Unido y los británicos del continente, está un poco más lejos. El acuerdo alcanzado debería garantizar que no vuelva a haber una frontera física entre las dos Irlandas, algo extremadamente delicado puesto que pondría en riesgo los años de paz en este sangriento territorio.

Este es el asunto más delicado de la negociación porque podría derivar en la propia desintegración británica. Escocia, que votó mayoritariamente en contra del 'brexit', mira de reojo. Nadie se tomó a la frontera en serio durante el referéndum. Los detalles espinosos se llevan mal con la deriva emocional de las consultas históricas.

El reto de May

Comienza ahora otra batalla en la que los europeos serán espectadores. Theresa May debe convencer a su Gobierno de que el acuerdo alcanzado es el mejor de los escenarios posibles. Sus aliados más próximos le darán su apoyo. Es posible que los más euroescépticos de su gabinete le digan que no. Es probable que los más fanáticos antieuropeos de su partido le digan poco menos que ha traicionado a la patria. May siempre vive al límite, pero los próximos días la posibilidad de que caiga serán especialmente elevados.

Si May logra contar con el apoyo de su Gobierno, deberá pedir la aprobación del Parlamento británico antes de Navidades. Los más fervientes defensores del 'brexit' votarán en contra, porque les parecerá que el periodo de transición que seguirá a la fecha de salida (30 de marzo del 2019) mantendrá al Reino Unido inaceptablemente bajo la esfera de influencia europea. Los moderados conservadores darán el sí, pero ¿qué harán los laboristas, los nacionalistas escoceses y los conservadores que están en contra del 'brexit'?

El ejemplo de Noruega

El dilema es formidable. A la mayoría les gustaría evitar la salida o como poco lograr que los británicos permanecieran en el mercado único, al estilo de Noruega. Votar a favor del acuerdo les resignaría a un divorcio con condiciones indeseables pero amistoso; votar en contra podría conducir a su país hacia un territorio absolutamente desconocido, propiciando la convocatoria de elecciones, la renegociación del acuerdo de salida, un nuevo referéndum o una salida de la Unión Europea sin acuerdo. Para ganar más tiempo para negociar o para dar marcha atrás, la UE debería estar de acuerdo. El 'brexit' nunca fue un asunto fácil.