29 oct 2020

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ANÁLISIS

Lopetegui, en el banquillo del Bernabéu en el duelo del Madrid con el Viktoria Plzen.

EFE / RODRIGO JIMÉNEZ

Un despido con fango

Albert Guasch

Cuesta recordar una destitución con menos elegancia que la sufrida por Lopetegui

La guillotina, afilada desde hace tiempo para la ocasión, cayó finalmente sobre la nuca de Lopetegui. El despido más anunciado de la historia del fútbol se hizo cruda realidad con un comunicado despreciativo. A Lopetegui se le enfangó al entrar y se le enfanga al salir. Cuesta recordar una nota de despedida con menos elegancia.

El otro giro del día, constatación de que la casa blanca alberga un gran teatro, consistió en deshacer todo lo andado con Antonio Conte. La mano dura que quería Florentino Pérez se echó atrás, o forzó el descarte con exigencias imposibles. Sea lo que fuere, un movimiento cuerdo por parte de un entrenador con fama de desaforado. ¿Hay posibilidades de sacarle mejor rendimiento a esta deficiente plantilla madridista? No se puede responder categóricamente de forma afirmativa a esta pregunta a no ser que uno sea Florentino Pérez.

Ya son unos cuantos desde verano los entrenadores que se han autodescartado. ¿Quién va a querer enterrar su prestigio así como así, Lopetegui aparte? El italiano necesitaba muchas incorporaciones para practicar su fútbol del metal. Alta inversión para un proyecto de corta duración, que así suelen ser los de Conte.

Hombre sin abrazos ni palabras de consuelo, encontró el rechazo público del vestuario madridista. Cuando habla Sergio Ramos, se puede decir que habla el vestuario, y el central dijo aquello que vale para tantos ámbitos: “El respeto se gana, no se impone”. No era un cartel de ‘benvenuti’, precisamente.

Una nueva columna vertebral

Sin Lopetegui, el Madrid sigue necesitando el delantero tan reclamado desde el 'arrivederci' de Cristiano Ronaldo. “A mi hijo le han robado 50 goles”, explicó con espléndida precisión el padre del ya extécnico blanco en ‘El Mundo’. Pero sobre todo sigue necesitando un rejuvenecimiento de la plantilla, comprarse una nueva columna vertebral.

Florentino Pérez se dejó cegar por el fulgor de la última Champions, olvidándose que terminó la pasada Liga a 17 puntos del Barça. Y ahí sigue, autoengañado, a la vista del comunicado-navaja. Ahora coloca a Solari mientras busca a un valiente, que es lo que hay que ser para asumir este equipo a menos que arranque la firme promesa de refuerzos. De lo contrario, será además un insensato al que se le enfangará también la cara.