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nómadas y viajantes

Migrantes hondurenos descansan en la localidad de Mapastepec, en el estado de Chiapas, México.

EFE / JOSÉ MÉNDEZ

Trump dispara contra los pobres

Ramón Lobo

Resulta difícil entender cómo una marcha de paupérrimos se ha convertido en una amenaza para la seguridad nacional de EEUU.

Impactan las imágenes de los migrantes hondureños, que según las autoridades mexicanas superan los 5.000. Impresionan sus biografías, escuchar las voces, saber de qué huyen. En Honduras, uno de cada cinco habitantes de las zonas rurales, muchas de ellas ricas en café de calidad, sobrevive con menos de 1,90 dólares al día. Apenas les daría para comprar el producto más barato de Starbucks.

Allí mataron a tiros a Berta Cáceres en el 2016. No es la única defensora de los derechos humanos y de la tierra asesinada por pistoleros. Reinan la impunidad y la corrupción. Su presidente, el conservador JOH, como llaman a Juan Orlando Hernández, ganó una polémica reelección en medio de acusaciones de fraude y de manifestaciones callejeras reprimidas con dureza. Pero no es Nicaragua. JOH es nuestro hijo de puta, como dijo Kissinger del último Somoza.

Lo que empezó el 12 de octubre –día de la hispanidad, ¡qué sarcasmo!– como una aventura de 160 personas por la tarde se transformó en un movimiento de 600; y al día siguiente, de 2.000. Fueron las redes sociales las que lo impulsaron. Partieron de San Pedro de Sula, una de las ciudades más violentas de América. Su objetivo es EEUU. En el camino se han sumando miles de salvadoreños y guatemaltecos.

Tras un registro documental realizado hace pocos días en México sabemos que hay 2.000 menores –el más joven, un bebé de tres meses–, y 1.000 mujeres, muchas de ellas viajan solas; también, familias enteras pese al riesgo de separación. Todos saben lo que les espera, pero es mejor de lo que huyen.

Esta marcha a pie tiene una ventaja sobre el tren llamado La Bestia -el medio habitual para los menos pobres que pueden pagar mordidas- que las mujeres no van a ser violadas en masa.

Retirar las ayudas

Resulta difícil entender cómo una marcha de paupérrimos se ha convertido en una amenaza para la seguridad nacional de EEUU. Trump, que no es fuerte en empatía, ha movilizado al Ejército y a la Guardia Nacional, y, sobre todo, a su electorado. Ha llegado a afirmar que entre los migrantes viajan árabes. Palabra que en el inconsciente colectivo suena a terroristas. El presidente amenazó con retirar las ayudas a los países que permitan el paso, una medida que creará más pobreza y más migrantes.

El argumento de la seguridad resulta conveniente a pocos días de las elecciones legislativas del 6 de noviembre. En ellas se decide la composición del Congreso. Trump trata de mantener el control de las dos cámaras y no dar la sensación de que es vulnerable. El vicepresidente, Mike Pence, que no quiso desmentir al jefe, dijo que era “inconcebible” que no hubiera personas originarias de Oriente Próximo.

Por si no bastaran los barbudos con chaleco explosivo, han aparecido Venezuela y Cuba. Así completan una doble invasión árabe-comunista que superará a La noche de Halloween, la última gran película de terror estrenada en EEUU.

El 'fake' lo puso en circulación el diario hondureño 'La Tribuna', propiedad de un archienemigo del expresidente Manuel Zelaya y muy próximo al presidente JOH. El periodista Alberto Arce (@alberarce), gran conocedor de Honduras, explicó en su cuenta de Twitter el mecanismo de esta manipulación.

Los medios conservadores acusaron al periodista hondureño Bartolo Fuentes, el rostro visible de la caravana, de recibir dinero de Venezuela. Unos decían que cobraba 1.500 dólares a los migrantes, otros lo elevan a 4.000. Después denunciaron que los pagaba para que prosiguieran su marcha hacia EEUU. El ironiza en un vídeo divulgado por Plaza Pública: “Ni para calumniar se ponen de acuerdo”.

Activista de los más pobres

Esta sería la supuesta pista venezolano-cubano: Bartolo Fuentes es, además de periodista, activista en la defensa de los más pobres y exdiputado por el partido de Zelaya, un político conservador que se volvió izquierdista en el poder. Fue depuesto en un golpe de Estado en el 2009. Le acusaron de estar al servicio de Maduro, de lo que se deduce que todos sus amigos y diputados son chavistas.

La retórica antimigración se ha convertido en el eje del discurso conservador en EEUU. Abundan los tuits pidiendo a Trump mano dura, la misma que no tiene con los asesinos del periodista saudí Jamal Khashoggi. Firmes con los pobres y serviles con los ricos. Sería interesante que los estadounidenses se cuestionasen el apoyo de su país a gobiernos tan corruptos como el de Honduras.

De un ambiente político podrido, en el que se normalizan la xenofobia, el insulto y la mentira, surgen los Bolsonaro que, salvo un milagro de proporciones bíblicas, será presidente de Brasil. Se supone que el péndulo acabará regresando, que volverá a situar personas progresistas en los centros de poder. Eso si no privatizan antes el péndulo y no nos roban el reloj. Sean pesimistas, está de moda.