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LIBERTAD CONDICIONAL

La gran mentira del 'mindfulness'

La gran mentira del 'mindfulness'

Lucía Etxebarria

En realidad no hay ninguna gran mentira detrás del 'mindfulness', pero como llevo una serie de artículos que empiezan así, ya le he cogido el tranquillo. Lo que hay detrás del 'mindfulness' es una pequeña mentirijilla de 'rebranding'.

El 'rebranding' es una técnica de 'marketing' en la que se crea un nuevo nombre para una marca establecida, para desarrollar una nueva identidad diferenciada. Por ejemplo, el antiguo Mr. Proper ahora se llama Don Limpio;  lo que antes era amor libre, lo llamamos ahora poliamor, y a lo que antes le llamábamos meditación consciente o 'vipassana', ahora es 'mindfulness'.

De hecho, yo he estado en sesiones de 'mindfulness' impartidas por una profesora de mucho prestigio y ya me lo sabía todo. Se trataba de la meditación consciente mezclada con algo de técnicas de relajación, algunas de las cuales yo había aprendido –15 años antes– en, atención…, ¡mis clases de preparación para el parto! La profesora no había cumplido los 40 años y no sabía que cuando ella aún no tenía su primera regla yo me había ido a un grupo de meditación con unos cuantos 'neohippies' a una isla de cuyo nombre mejor ni acordarse. Pero esa es otra historia.

¿Funciona el 'mindfulness'? En parte. La meditación y las técnicas de relajación suelen funcionar, porque para algo son técnicas ancestrales que llevan perfeccionándose desde hace 3.000 años, en la antigua India. Aunque se sabe que los druidas celtas también la practicaban, e incluso adoptaban la postura yóguica.

Los doctores Eberth y Sedlmeier han publicado un libro muy interesante:  'The effects of mindfulness meditation: A meta-analysis', en el que se cruzan los datos de 39 estudios científicos realizados sobre grupos de control en universidades de todo el mundo. Su conclusión es que nadie puede asegurar de forma categórica que funcione. Lo que parece que sí funciona es el 'mindfulness-based stress reduction' (MBSR), una técnica que combina la meditación con otras técnicas de relajación provenientes, entre otras disciplinas, de la terapia cognitiva conductual. La revista 'Nature' (la más importante en el mundo científico sajón) ha publicado otro estudio parecido firmado por los doctores Kreplin, Farias y Brazil.

La técnica se ha puesto de moda 
porque no sabemos estar, 
sencillamente, sin hacer nada, 
disfrutando del momento presente

Por otra parte, a ciertas personas excesivamente imaginativas el 'mindfulness' no nos funciona. Nos sentamos y nuestra mente se pone a mil. Meditar nos pone nerviosos, nos estresa. No es nada patológico. Simplemente, somos más imaginativos que la media. A nosotros nos funciona la meditación guiada. Aquella que induce al trance. Sí, esa en la que te dicen: «Ahora imagina que estás en una playa…». Como tenemos una enorme capacidad de crear imágenes, no cuesta nada sugestionarnos. Y tampoco hace falta que se gaste usted 30 euros en una hora de clase: en internet hay vídeos de todo tipo de meditaciones.

Paseando por un pueblo de Toledo, Orgaz, que cuenta con un censo de 1.800 habitantes, pero en el que en realidad apenas viven 300, vi a un anciano sentado en un banco con las manos apoyadas sobre el bastón. Haciendo nada, pasar la tarde. Es una imagen que a nuestra sociedad moderna nos sorprende muchísimo. Nosotros no sabríamos hacerlo. Sacaríamos el móvil y empezaríamos a mirar redes sociales o a jugar con una aplicación.

Incluso en aquella calle solitaria de un pueblo más solitario aún, no llegué a encontrar el silencio absoluto porque en la distancia se escuchaba el sonido atronador de una moto cuyo dueño se ha apuntado a la moda de quitarle el silenciador. En Madrid, mi ciudad, es completamente imposible encontrar silencio. Nunca. Vivir sometidos a la contaminación acústica constante nos acaba creando ansiedad. Como nos lo crea vivir permanentemente conectados a un móvil. Por eso se ha ouesto de moda el mindfulness, por eso hemos rebrandizado la meditación 'vipassana'.

Byunh-Chul Han, en su libro 'La sociedad del cansancio' habla de que nuestra sociedad es una sociedad enfocada al rendimiento. Una sociedad que presiona para que seamos seres capaces de hacer muchas cosas al mismo tiempo. La sociedad de la multitarea. Pero la multitarea no es un avance. Es una regresión. Regresión a la vida primitiva en la selva, en la que había que estar constantemente alerta, en lucha por la supervivencia. Por eso nuestra sociedad genera seres agotados, que solo pueden parar cuando enferman. 

No sabemos estar, sencillamente, sin hacer nada, disfrutando del momento presente. Y es triste que se haya puesto de moda una técnica que te enseña algo tan simple como eso: vivir el aquí y el ahora.