Ir a contenido

LA CRISIS CATALANA

Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, en una concentración el 24 de septiembre del 2017 en Barcelona.

ALBERT BERTRAN

Besos, derechos y errores

Carles Francino

Merece respeto alguien que está en la cárcel, que formó parte activa del 'procés' y que admite errores

Todos los manuales de autoayuda aconsejan no tomar decisiones en caliente. Pero mi padre, que era un tipo bastante prudente, siempre añadía una coletilla: “la primera idea es la que vale”. Me acojo a esa parte de la filosofìa paterna para escribir estas líneas justo después de conversar con Susanna y Txell, las compañeras de los ‘Jordis’. Nos ha reunido Josep Cuní en su nueva aventura radiofónica de SER-Catalunya junto al abogado de los presos y a un catedrático, que han desmontado con argumentos sólidos el relato de violencia utilizado para acusarles de rebelión. No voy a extenderme en este punto porque hace tiempo que defiendo --en público y en privado-- la sensación de injusticia y la voluntad de escarmiento que aprecio en una medida cautelar tan severa como la prisión preventiva.

Hijos pequeños

Pero sí me gustaría compartir dos sensaciones con las que salí de esa conversación en la radio. En primer lugar, el factor humano. La conmoción por el relato de Txell al recordar que ella y Jordi Cuixart tienen un hijo  al que su padre apenas ha visto a través del cristal de un locutorio; al que no ha podido disfrutar con sus pinitos gateando y al que le canta una canción para que el enano le reconozca. La propia Txell recordaba cómo la convención de la ONU por los derechos de la infancia recomienda no aplicar la prisión preventiva cuando existan hijos pequeños, pero su abogado apostillaba  --entre irritado y resignado-- que el supremo tampoco atendió este recurso. Nadie puede ser inmune ni insensible ante esta realidad.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Pero en segundo lugar, llega una reflexión sobre las verdades, mentiras y errores en todo lo que nos ha ocurrido. Cuní invocó la  carta que Jordi Cuixart me envió el pasado mes de mayo y que yo reproduje en antena agarrándome a una frase que me parece fundamental: “Todos nos hemos explicado muy mal –me decía Cuixart-- y seguro que no hay unos más culpables que otros, pero sí que todos somos responsables”. Creo que este ejercicio –sincero-- de autocrítica no se compadece con los exabruptos que continúan aflorando desde algunos sectores soberanistas. El enésimo órdago verbal del ‘president’ Torra con ese “actuaremos hasta las últimas consecuencias” (¿qué diantres significa eso?) o la inadmisible referencia de Antoni Castellà a unos eventuales fusilamientos de los presos casan muy mal y no ayudan nada. Si alguien que está en la cárcel y que formó parte activa del ‘procés’ (que yo sigo criticando sin ambages),  que participó en reuniones, en una especie de gobierno paralelo para proclamar la independencia… si ese alguien admite que algo se hizo mal, creo que merece un respeto. Y también merece poder besar cuanto antes a su hijo.