Ir a contenido

ideas

Tilda Swinton, que aparece en Suspiria,  recibe el Gran Premi Honorífic de manos de J. A. Bayona.

EFE / ALEJANDRO GARCÍA

¿Basura u obra maestra?

Desirée De Fez

O es una basura o es obra maestra. No hago nada nuevo si recuerdo que, desde hace un tiempo, las opiniones en Internet sobre cine, especialmente en redes sociales, se han polarizado hasta el absurdo. Las películas son consideradas o bodrios o absolutas maravillas con una seguridad y una ligereza brutales.

Apenas hay espacio para los términos medios, y si un alma cándida (y razonable) tiene la osadía de decir en Twitter que SuspiriaMandy, The House That Jack Built o Under the Silver Lake están en cualquier punto intermedio (del millón de puntos intermedios) entre lo inmenso y lo pésimo su opinión será automáticamente ignorada. Bueno, ignorada en el mejor de los casos. En el peor, cuestionada con comentarios del tipo: “¿Pero te gusta o no?”, “No la has entendido” o “Vamos, que no te gusta”. Hasta aquí nada nuevo.

Me aterra pensar que ventilarnos así las películas nos quite las ganas de perdernos en ellas, pensarlas y conversarlas

Internet tiene sus reglas y lo de las opiniones polarizadas y extremas ya lo hemos aceptado e interiorizado, es como si lo lleváramos de serie. Sin embargo, estos días en el festival de Sitges, que afronta los últimos días de su 51 edición y ha proyectado los títulos que citaba, me ha sorprendido comprobar hasta qué punto esa reducción de las películas a adjetivos calificativos exagerados y contrapuestos ha trascendido la red.

No solo ha contagiado los artículos de los que escribimos, cada vez menos razonados y más adjetivados por esa exigencia tácita de un posicionamiento contundente. La polarización y la exageración han secuestrado también las conversaciones de festival a la salida del cine o en la cafetería. Como en casi todo hay excepciones, pero siento que las charlas animadas después de los pases, algo que personalmente me daba la vida, son cada vez más cortas: “Me ha flipado”  vs. “Me ha parecido un horror”.

Quiero creer que es cuestión de lenguaje, que solo estamos replicando las expresiones y las efusiones de Twitter y otras redes sociales. Pero me aterra pensar que poder ventilarnos las películas así, sin que nos parezca raro o injusto, nos quite las ganas de perdernos en ellas, pensarlas y conversarlas.