13 ago 2020

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Dos miradas

Valtònyc

JOHN THYS

Valtònyc

Emma Riverola

Las canciones del rapero están ancladas en la estulticia, pero su sentencia condenatoria oprime al mundo de la cultura

El pasado abril, Puigdemont denunció a un hombre por difundir un vídeo que deseaba su violación en la cárcel. Tres meses después, el 'expresident' aparecía con Valtònyc en Waterloo, adoptándolo definitivamente para la causa independentista. El mismo rapero que ha sido condenado por desear la muerte de las más diversas maneras a quienes considera sus enemigos, con una especial predilección por blanquear a ETA. ¿Qué habría pensado Puigdemont si el 'youtuber' que le insultó lo hubiera hecho a ritmo de rap?

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Las letras de Valtònyc no hay por dónde cogerlas. Sus reflexiones, tampoco. La empanada mental le lleva a calificar a Puigdemont de anarquista o acusar a Irene Villa de oportunismo político. Pero, a pesar de todas sus invectivas, la cárcel no es el lugar para Valtònyc. La libertad de expresión es tan bella como dura y exigente. Defenderla es fácil, pero asumir los ataques, especialmente cuando son hirientes y desquiciados, no lo es tanto. Las canciones de Valtònyc están ancladas en la estulticia, pero su sentencia condenatoria oprime al mundo de la cultura y provoca reveses como los del tribunal belga, que sonroja a la justicia española. Demasiado para un rapero afamado por encima de sus capacidades. Sin su condena, la mayoría de nosotros nos hubiéramos librado de escucharle y él quizá habría tenido ocasión de saber un poco más sobre el sufrimiento de las víctimas. Puede empezar viendo el documental 'Dones en construcció'.