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Crisis ideológica global

Pese a los repuntes populistas y de que puede haberse quedado obsoleto, no hay muchos que se atrevan a cambiar el actual sistema democrático

Se nos dice siempre que en un sistema democrático el poder lo tienen los votantes, pero ¿qué ocurre si la inmensa mayoría de los votantes son incompetentes, como muestran los estudios que se hacen continuamente? Esta es la pregunta central en torno a la que gira el libro de Jason Brennan 'Contra la democracia'. Aunque no es un libro antisistema en los términos que puede sugerir un título tan rotundo, este profesor de Georgetown no oculta desde el principio que se opone a la democracia tal como la conocemos, justamente porque también él considera que la inmensa mayoría de votantes son incompetentes y fácilmente manipulables, y sugiere que la democracia se sustituya por la epistocracia o gobierno de los mejores.

Para ello debería hacerse un examen al conjunto de la población: de la misma manera que un dentista o un fontanero necesitan una licencia para ejercer su oficio, las personas corrientes precisan de una licencia para votar. Quien no pase el examen no podrá votar. Brennan es partidario de la epistocracia aunque reconoce que nunca se ha aplicado seriamente en ninguna parte. Platón habló en su momento del gobernante filósofo, pero su discípulo Aristóteles ya criticó sus posiciones políticas. Posteriormente algunos pensadores han dicho que prefieren un gobierno ordinario al de un sabio, pero Brennan no profundiza en estas reflexiones.

Brennan reitera una y otra vez que el voto de toda la población, incluidos los votantes incompetentes, puede conducir a gobiernos desastrosos. Dice que Estados Unidos y el Reino Unido se han librado por ahora de esos gobiernos desastrosos, pero menciona el caso de las elecciones de 1932 que ganaron las nacionalsocialistas alemanes. Argumenta que los votantes alemanes no fueron responsables de todo lo que se hizo a partir de entonces, aunque añade de inmediato que cualquier ciudadano alemán medianamente informado podía haber anticipado muchas de las cosas que hicieron los nazis. Habla también de situaciones desastrosas en otros países de nuestros días –menciona Venezuela y Grecia como ejemplos-, situaciones que podían haberse evitado si no se hubiera contemplado el sufragio universal y solo se hubiera permitido votar al electorado competente, el que pasara el examen.

Las ideas de Brenan sobre el gobierno de los mejores son atractivas para los lectores de política, pero es improbable que estos comulguen con casa postulado

En las democracias occidentales "los votantes son sistemáticamente incompetentes" y solo una pequeña fracción de ellos está relativamente informada de lo que está en juego en las urnas. ¿Por qué permitir que voten todos los mayores de 18 años? Brennan llama a quienes están preparados para votar, es decir a los votantes competentes, "vulcanos", quienes son capaces de analizar racionalmente la política. Dice que están bien informados y que por lo general son respetuosos con la gente que vota algo distinto de lo que ellos votan, a diferencia de lo que ocurre con los "hobbits" y con los "hooligans". Los "hobbits" son los ciudadanos ignorantes, incapaces de hacerse una idea cabal acerca de lo que es la política, mientras que los "hooligans" son cuasi fanáticos de la política, que se creen que lo saben todo aunque en realidad saben muy poco, y se caracterizan por tener ideas fijas y radicales. No suelen ser respetuosos con quienes piensan de otra manera.

El libro de Brennan es atractivo para cualquier lector que se interese por la política. Aunque es improbable que los lectores comulguen a ciegas con cada uno de sus postulados, aporta ideas frescas sobre el tema de la democracia, una cuestión que en las últimas décadas está levantando un sinfín de debates. En tanto que fenómeno histórico, la democracia tiene un inicio y tendrá un fin. Es lo que ha ocurrido y ocurre en nuestro planeta con todos los procesos históricos. Aunque la tesis de sustituir la democracia por una epistocracia no es nueva, Brennan se la toma en serio desde el principio hasta el final.

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Es una cuestión abierta y se le pueden presentar muchas objeciones. Por ejemplo, en una sociedad como la occidental, que es tan compleja, ni siquiera todos los "vulcanos" son capaces de estar al día con los adelantos que se producen continuamente, así que sería posible restringir todavía más a la parte de la sociedad capacitada para elegir un gobierno.

La política de masas que pone nervioso a Brennan, y con la que se soñó desde la Revolución francesa y durante el romanticismo del siglo XIX, puede haberse quedado obsoleta en nuestros días, pero no parece que haya muchos que se atrevan a cambiarla por un sistema alternativo, al menos por el momento, a pesar de los repuntes populistas.

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