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Análisis

Los más odiados de la calle

Eva Arderius

Hay que actuar para evitar que los patinetes acaben tan estigmatizados como las bicicletas

Parecía imposible, pero ha aparecido un nuevo vehículo que exculpa de todos los males a la bicicleta. Hasta ahora estas han sido el objeto de las peores miradas, de los insultos más crueles gritados des de las ventanillas de los coches y de las cartas al director más duras de los periódicos. La bici ha sido, para muchos ciudadanos, el vehículo más odiado de la calle, el paradigma del incivismo y la culpable de todos los problemas de movilidad. Por culpa de la bici se han tenido que hacer carriles bici y por culpa de la bici los peatones han dejado de caminar tranquilos y relajados. Ahora, por fin, a los ciclistas les dejaran de pitar los oídos. Han aparecido los patinetes que, en todas sus modalidades, tienen todos los números para convertirse en la bestia negra del asfalto barcelonés. Los ciclistas, a cambio, les tendrán que ceder parte de sus carriles.

Masivo por sus ventajas

Está demostrado que en cuestiones de movilidad no todo está inventado, la realidad se avanza a las normas. Los primeros patinetes aparecieron como algo exótico y alternativo, se convirtieron en el regalo estrella de Reyes de las últimas Navidades. Quizá por eso nadie pensó que podrían acabar tomando las calles de la ciudad, nadie pensó seriamente que, una vez pusiesen sus dos ruedas en el asfalto de Barcelona, no se irían jamás y que su presencia seria cada vez más masiva. Esto ha pasado porque se han infravalorado las ventajas de este vehículo, barato, que no necesita permiso de conducción, que se guarda fácilmente, que no se aparca y que por eso es más difícil de robar, que puede ser divertido y que ahorra caminar. Demasiadas ventajas como para no ser un éxito. Primero lo utilizaron los más atrevidos, los niños, los 'hipsters', ejecutivos con voluntad rompedora y porteros del Barça, pero ahora la transversalidad ha llegado a perfiles menos pendientes de las tendencias que, por cuestiones más prácticas, se han lanzado a empujar patinetes 'lowcost' por las aceras y el carril bici.

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La moda ya no es una moda. Los patinetes ya son uno más de la movilidad y quizá hay que empezar a tomárnoslos en serio. Barcelona ha reaccionado, se ha hecho una normativa para intentar parar el golpe y ordenar estos elementos en función de la velocidad que pueden alcanzar. Una normativa que ni la Guardia Urbana parece conocer muy bien ni tiene muchas posibilidades de hacer cumplir. Solo hay que parar un momento en cualquier calle para darse cuenta que los patinetes circulan con total impunidad por las aceras. No hay controles de velocidad, ni de uso del casco e incluso se les puede ver, y oír, por los andenes e intercambiadores del metro con el peligro que esto supone.

Este es el escenario perfecto para que los 'haters' del orden conviertan a los patinetes en el blanco de su odio. No les demos el gusto. Evitemos que los patinetes acaben tan estigmatizados como las bicicletas. Si alguien tiene que odiar a estos nuevos vehículos que sea porque perjudican y quitan espacio al coche. Si este es el único motivo de crítica será porque las cosas se están haciendo bien.

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