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LA CLAVE

Portada de la revista Forbes del año 2008.

Democracia y dinero

Olga Grau

La revolución tecnológica corre a gran velocidad y ha dejado a los gobiernos sin tiempo ni capacidad para legislar sobre una industria global con un fuerte impacto económico, social y político

Hace más de 10 años, el 12 de noviembre del 2007, la revista Forbes publicó una portada con el entonces CEO de Nokia, Olli-Pekka Kallasvuo, con un teléfono móvil de la marca de origen finlandés. El título en la portada rezaba: "Nokia, mil millones de clientes: ¿Alguien puede atrapar al rey del teléfono móvil?". Nadie se podía imaginar entonces que un año después Apple lanzaría su primer modelo de iphone y que este sería el principio del fin del declive de la empresa que produjo el primer sistema de telefonía móvil en el año 1982.

Esta semana Amazon ha logrado alcanzar el billón de dólares en bolsa, valor equivalente aproximadamente al PIB de España, un hito que solo había logrado antes Apple en toda la historia de Wall Street. El gigante de la manzana ganó el año pasado 48.351 millones de dólares, mientras que Amazon ha logrado este récord con tan solo un beneficio de 3.000 millones de dólares, ya que el mercado valora, sobre todo, las expectativas de futuro de la plataforma de comercio electrónico que ha revolucionado todo el sector retail, que ha comprado una cadena de supermercados física (Whole Foods) y que prevé distribuir paquetes con drones, a la vez que atesora los datos de sus clientes.

En los diez años que han transcurrido desde aquella portada de Forbes, y que han coincidido con la larga crisis financiera, la nueva economía ha desplazado de los ránkings a los gigantes tradicionales. Si en el 2007 las mayores empresas del mundo en bolsa eran Exxon Mobil, General Electric, Microsoft, PetroChina y Royal Dutch Shell, en el 2017 el ránking lo lideraron Apple, Alphabet, Microsoft, Amazon y Facebook

La revolución tecnológica corre a gran velocidad y ha dejado a los gobiernos sin tiempo ni capacidad para legislar sobre una industria global con un fuerte impacto económico, social y político que desborda a sus propios fundadores.

El CEO de Twitter Jack Dorsey declaraba ante el Senado de Estados Unidos por las injerencias rusas en la campaña electoral del 2016 a través de la red y se disculpaba: "Esto no es una plaza pública sana y asumimos la responsabilidad de arreglarlo". Un gran poder que no se debe dejar solo en manos del mercado.

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