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Dos miradas

Una imagen de la Diada del año pasado. 

FERRAN NADEU

La celebración del 11-S no puede ser neutra o simplemente folclórica

Casado dijo hace unos días que el 11 de septiembre era "una festividad xenófoba". Argüía que el independentismo se había apropiado de ella y que, desde entonces, la fiesta nacional era un nido de secesionistas. Hablaba como si el PP, antes de todo lo que está pasando, en cualquier momento de su trayectoria, la hubiera considerado como propia. Para Casado, el desprecio a la celebración no es de ahora sino que proviene del trasfondo que la rodea. Es decir, lo que para él ya es despreciable (o al menos negligible) es la fecha en sí misma, el recuerdo de una circunstancia histórica que significó el derrumbe de las aspiraciones nacionales catalanas. El 11 de septiembre -y lo dice el Estatut, aun reformado y recortado, es decir, en un marco constitucional- representa la idea de que Catalunya es como es debido a unos hechos y a una evolución de la sociedad que va más allá de la estricta legalidad contemporánea. No hablo de esencias, pero sí de fidelidad a una lengua, a una cultura. Y no me lo invento, lo repito. Lo dice el Estatut vigente.

Quiero decir, con todo esto, que la celebración no puede ser neutra o simplemente folclórica, insípida. La mentalidad de los que la querrían así (y si cambiara de día, de memoria, mucho mejor) nos indica que nunca han tenido ningún sentido institucional más allá de la anécdota o del vacío ideológico. Otra cosa es reflexionar sobre cómo debería ser una Diada para todos. Mañana hablaré de ello.

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