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Editorial

Barcelona, capital de la reproducción asistida

A la gran calidad de los servicios médicos en Catalunya se une la laxitud de la legislación española respecto a otros países de nuestro entorno

Una pareja prodecente de Italia entra en una clínica de reproducción asistida de Barcelona.

Una pareja prodecente de Italia entra en una clínica de reproducción asistida de Barcelona. / RICARD CUGAT

Cuando en 1984 nació en Barcelona el primer bebé probeta de España, pocos podían imaginar que la capital catalana se acabaría convirtiendo en la capital europea de la reproducción asistida y que lo que, en aquel entonces, fue un indiscutible avance científico acabaría siendo también un reclamo más de la ciudad, lo que algunos califican como “turismo reproductivo”. La realidad es que en tres de cada cuatro clínicas catalanas autorizadas existe un servicio de atención pensado para mujeres extranjeras que desean seguir aquí los tratamientos para quedar embarazadas y que en el porcentaje global ya son el colectivo más numeroso (un 53%), por encima de las nacionales.

Hay que valorar en este sentido la gran calidad asistencial de los servicios sanitarios en Catalunya (privados en su gran mayoría en este caso), similar a la demanda internacional de curas oftalmológicas, pero también hay que tener en cuenta la laxitud de la legislación española, que permite reproducción asistida, inseminación artificial, fecundación in vitro o congelación de embriones, sin discriminar, como ocurre en otros países europeos, a mujeres solteras o parejas lesbianas. El reto actual es no solo consolidar el tratamiento en Catalunya sino expandir la oferta en el lugar de origen, a partir de una tecnología y una experiencia calificadas y exitosas. Lo que nació como un hito de la medicina es hoy, también, una fuente de ingresos para esos servicios médicos. 

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