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GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO

Siria, del póquer al ajedrez

Ramón Lobo

Todavía no ha terminado la guerra pero muchos empiezan a hacer números con la reconstrucción del país, totalmente devastado

Aún no ha terminado la guerra en Siria y ya se escuchan los tambores de un nuevo conflicto, el de la reconstrucción de un país devastado por más de siete años de guerra. Queda Idlib, el último bastión yihadista donde, según la ONU, se concentran unos 10.000 combatientes extranjeros. El alto organismo trata de negociar un corredor humanitario antes de la ofensiva final del régimen con apoyo aéreo ruso. Su objetivo es evitar un nuevo Aleppo. En la zona viven 2,9 millones de civiles.

Las guerras, y más si son civiles, no terminan con la última bala, permanecen las víctimas, los mutilados, las mujeres violadas, los niños sin infancia, la memoria colectiva. No solo es necesaria una reedificación, es esencial una reconstrucción ética y psicológica de todo un país. ¿Quién la va a dirigir? ¿Basar el Asad, los fabricantes de armas, la UE, los saudís, Erdogan, Donald Trump?

El Banco Mundial calcula que la reconstrucción física costará más de 250.000 millones de dólares, cuatro veces el PIB sirio en el 2010. Bashar el Asad eleva esa cantidad a 400.000 millones de dólares. Es posible que la real sea superior.

La necesidad de un pacto internacional

Antes de que fluya el dinero, los créditos a tanto por ciento si me compras lo mío, es necesario alcanzar el final real de la guerra, el cese de todas las hostilidades y un pacto internacional sobre el futuro de Siria. Rusia tiene el mango político, pero China tiene el económico.

Siria es un tablero de juego regional, y lo seguirá siendo aunque pasemos del póquer al ajedrez. Es posible que los mismos países que se enfrentaron por delegación, a través de diversos grupos armados, sigan en lucha cuando llegue la ausencia de la guerra, que no es sinónimo de paz. Hay dos tipos de negocio, no siempre consecutivos: el de la venta de armas y municiones y el de las excavadoras y hormigoneras.

Existen países como Irak, Afganistán, Liberia, Congo o Sierra Leona que nunca llegaron al segundo, el de la reconstrucción, porque la verdadera rutina es otra: primero guerra; después, olvido.

Regresar a casa

Asad ha pedido el regreso de todos los refugiados. Es parte de su propaganda, trata de vender que todo vuelve a ser como antes. Cuando tomen los bastiones rebeldes de Idlib y Sueida, donde sigue activo el Estado Islámico, es posible que millones de sirios sientan la tentación de regresar a sus casas, o a lo que quede de ellas.

Según ACNUR, Siria tiene más de 13 millones de desplazados y refugiados. Más la mitad de la población -22 millones antes de la guerra- se ha visto forzada a dejar su hogar. Cerca de 13,5 millones necesitan asistencia humanitaria. Es peor que un terremoto, por la intensidad y extensión de la destrucción, y porque el odio tarda generaciones en suavizarse.

Estamos políticamente donde estábamos en marzo del 2011, con Bashar en el poder, y sin intención de dejarlo, pero el precio ha sido catastrófico: más de  500.000 muertos, según los datos del Observatorio de Derechos Humanos de Siria y cientos de miles de heridos.

Ha sido un viaje inútil, como lo es el de la Libia pos Gadafi, convertida en rampa de lanzamiento de inmigrantes y capital mediterránea de las violaciones de los derechos humanos. Hay responsables que deberían acabar en La Haya, y Asad no es el único. Los juegos de EEUU y Francia (Sarkozy) han tenido consecuencias devastadoras.

Las estrategias 

¿Tiene la UE alguna estrategia de futuro? En los últimos dos años toda su energía diplomática se ha centrado en cortar el flujo de refugiados (cerca de un millón en Europa desde el 2011). El acuerdo con Turquía, denunciado por las ONG y las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos, ha logrado reducir la llegada de refugiados a través de Grecia y los Balcanes. El siguiente paso sería implicarse en la reconstrucción en Siria. Una forma eficaz de ayudar a los refugiados.

No solo es Rusia, China, Irán y Qatar, y Hezbolá, también Ankara busca su parte del pastel, la del negocio y acabar con la amenaza de los kurdos sirios, una de las fuerzas determinantes en la derrota del Estado Islámico. Además de Idlib y Sueida, está por resolver el control del noreste de Siria, zona rica en recursos en la que EEUU y Francia ocupan el centro del tablero.

La UE condiciona su ayuda a un proceso de apertura política, a un escenario pos Asad. Ni Rusia ni China están en esa batalla. Pekín demanda un marco seguro para las inversiones. Habrá que despejar varias dudas: ¿qué harán Israel y Arabia Saudí? ¿Permitirán que Irán salga triunfante? Siria es un avispero de intereses cruzados en los que cuentan los millones, no las personas

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