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Análisis

Lo verdaderamente relevante acontecerá con motivo del aniversario del 1-O. Es ahí donde se alcanzará un nuevo punto de ebullición con la aparición de la Crida de Puigdemont

La reunión con Carles Puigdemont en Waterloo quizá haya servido al 'president' de la Generalitat, Quim Torra, para tomar los últimos apuntes para preparar la conferencia que tiene anunciada desde julio y que finalmente, si no hay cambios en el guion, pronunciará el próximo día 4 de setiembre, justo una semana antes de la Diada.

Si no estuviera todo patas arriba sería de esperar que en esa conferencia se explicitasen las claves de lo que nos espera políticamente hablando en los próximos meses. Aunque, viendo cómo está el patio, lo más probable es que volvamos a situarnos en el terreno de las grandes palabras con grandes significados imposibles de traducir al lenguaje de lo práctico: ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Cómo?

Lo que sabemos ya ahora es que la Diada volverá a ser un prólogo de lo desconocido. El 11-S será, naturalmente, un hervidero soberanista, al margen del debate sobre si habrá más o menos gente manifestándose que en anteriores ediciones. Pero lo verdaderamente relevante acontecerá con motivo del aniversario del 1-O. Es ahí donde se alcanzará un nuevo punto de ebullición.

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Será por esos días cuando aparezca y tome cuerpo la Crida, el nuevo proyecto político impulsado por Carles Puigdemont, que llega con el objetivo de barrer la lógica clásica de los partidos políticos y agrupar a todo el independentismo bajo su efigie.

Será el nacimiento de este partido-movimiento el que marcará el curso político. Primero, habrá que ver cómo aguantan las costuras del PDECat su disolución definitiva, porque es eso lo que va a producirse, se disimule más o menos. No son pocos los grupos y grupúsculos que andan reuniéndose sin que nada cuaje de momento, pero dando por hecho que al espacio que fue de los convergentes no le queda otra que implosionar y partirse en dos. Arrimarse al árbol que más sombra ofrece es siempre tentador, pero la flexibilidad de las convicciones tiene un límite, para quien las tiene, y son muchos los que parecen haber llegado a ese límite. Veremos.

Y después habrá que prestar atención a como quedan de maltrechas las relaciones entre los socios JxCat y ERC en el Govern porque a buen seguro que la aparición de la Crida no podrá tener un efecto inocuo. A Esquerra no se le escapa que el nuevo proyecto de Puigdemont llega para comerse también su tostada y en política eso quiere decir conflicto, inestabilidad y, llegado el caso, elecciones.

Y mientras esperamos este inicio de curso (del que somos repetidores por enésima vez) vemos de nuevo como la Fiscalía se comporta una vez más como correa de transmisión de una ideología determinada. Su anuncio de investigar la identificación que los Mossos d’Esquadra y las policías locales hicieron de los grupúsculos que de noche se dedican a quitar lazos amarillos y en algunos casos hacer pintadas en monumentos -caso de L’Ametlla de Mar- es una manera de acusar directamente al cuerpo autonómico de actuar bajo motivaciones políticas y roza la irresponsabilidad. Nadie cree que la justicia sea igual para todos. Pero lo cierto es que de un tiempo a esta parte nadie se toma ya la molestia ni tan siquiera de disimular. Esta también es una asignatura pendiente, como casi todas. A ver el próximo curso.

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