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Dos miradas

Estamos sumergiéndonos en una matriz identitaria que tiene más de laberinto que de salida

Lazos arriba, lazos abajo. Agresión, gritan unos. Incidente, disculpan otros. Depende del espejo en que se mire, ese que siempre refleja el propio rostro en primer término. Los belicosos son fachas, fascistas, ultras…, pero solo si la agresión viene del otro lado. Puigdemont sostiene que "la mayoría de los conflictos violentos en el mundo después de la segunda guerra mundial tienen como origen la negación del derecho de autodeterminación". En fin… El 'procés' era más digerible cuando bromeaba con comer helado cada día.

La violencia está en el ambiente. Por fortuna, infinitamente más en las palabras que en las acciones. En el recuerdo colectivo quedan las imágenes del infausto 1-O. Las cargas policiales nunca debieron haberse producido. Social y humanamente fueron injustificables. Estratégicamente, el gran error del Gobierno de Rajoy. A partir de aquel momento, los relatos políticos más radicales, a favor o en contra de la independencia, se fueron cincelado con mayor agresividad. 

Ahora se acerca un otoño que se anuncia caliente. Incluso parece que algunos esperan que lo sea. Quizá creen que la dialéctica de la violencia y la contraviolencia suma razones y fieles a su causa, además de desprestigiar al adversario. Pero la sinrazón solo se engendra a sí misma. Estamos sumergiéndonos en una matriz identitaria que tiene más de laberinto que de salida. Al otro lado de la tolerancia, el pluralismo y el pragmatismo, solo queda el fanatismo.

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