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PECCATA MINUTA

Corderos en un matadero de Girona acondicionado para el rito halal.

La Fiesta del Cordero

Joan Ollé

La festividad continene un claro mensaje: que nunca jamás las creencias religiosas puedan costar la vida de un ser humano

Estos días mis vecinos y vecinas de Assilah (Marruecos) andan inquietos. El principal motivo, además del viento, la calor y el inicio de la Liga (aquí quien no es culé es merengue y la cosa va muy en serio) es que de aquí a dos días celebrarán la Fiesta del Cordero ('Aid Kbir'), un equivalente de nuestra Navidad: días de reencontrarse con la familia extensa y tirar la casa por la ventana. También aquí, como allá, 'per Nadal qui res no estrena res no val', y es tradición que este día los niños y niñas estrenen vestido y zapatos nuevos.

La Fiesta se celebra cada año en el décimo día del mes de Dhul Hiyya (último del calendario lunar islámico), que conmemora el instante en que Abraham, según el Corán y la Biblia, estuvo a punto de matar a su hijo,  hasta que Dios le ordenó que acuchillase a un cordero en su lugar. El sacrificio del pobre animal (halal) va así: tras degollarlo con algunas oraciones de por medio, se le cuelga  boca abajo con la cabeza mirando hacia La Meca hasta que se desangra totalmente, y luego se le cocina y sirve en pinchitos de hígado envueltos en su grasa, cuscús,  tajine... en medio de risas, baile y música.

¿Cuánto cuesta un cordero? Una burrada para las economías más humildes, y, debido a eso, el profeta sentenció que los bolsillos más pequeños quedaban exonerados del dispendio.  Pero son muchos los que por su exceso de orgullo o fe piden dinero a los amigos o un crédito al banco para no ser menos que el otro. Según el Ministerio de Agricultura marroquí, esta semana se van a decapitar más de 7 millones de ovejas, corderos y cabras. Por mandato de Alá, los ganaderos y matarifes harán su agosto.

Nuestra 'matança del porc', en declive, como los toros, es atea, pantagruélica y no persigue ningún horizonte espiritual; la suya, en cambio, contiene un mensaje muy claro: que nunca jamás las creencias religiosas puedan costar la vida de un solo ser humano.

El pasado viernes conmemoramos el primer aniversario del atentado del 17-A en la Rambla de Barcelona. ¿Celebrarán los correligionarios de sus autores la Fiesta del Cordero o preferirán seguir invirtiendo en cinturones bomba y camionetas blancas?

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