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Lengua e identidad

Aquel 'Fil Directe' en Catalunya Ràdio

Sílvia Cóppulo

Cuando Tip y Coll vieron que los oyentes, con naturalidad, hablaban en catalán, no daban crédito. Se enfadaron y, tozudos, reclamaron de malas maneras que todos habláramos en castellano

Corría el año 1986. Catalunya Ràdio.  Programa 'Fil Directe', que presenté varios años. Esta semana, mi colega Santi Carreras lo ha recuperado en 'Dies de ràdio'. Por aquel entonces, todo olía a nuevo y a vulnerable. Nos movía la voluntad de llegar en catalán al público mayoritario y el compromiso con la democracia, recién estrenada. En el programa, situábamos a los líderes políticos y sociales al alcance de los oyentes, que les interpelaban por teléfono, en un tú a tú democrático y plural, que aun hoy sigue siendo moderno.

Nos habíamos imaginado aquel día excepcionalmente distendido. Montamos un estudio móvil en el actual Col·legi de Periodistes, para que los humoristas Tip y Coll tuvieran tiempo de llegar y nos hicieran reír. Pero cuando ellos vieron que los oyentes, con naturalidad, hablaban en catalán, no daban crédito. Se enfadaron y, tozudos, reclamaron de malas maneras que todos habláramos en castellano. De nada servía que yo tradujera. Tip, valenciano, y Coll, de padre catalán, lo entendían todo, pero no querían permitir que otra lengua disfrutara de algún espacio propio. Durante una hora dificilísima, moderé la conversación como pude, sin bajar la guardia, con firmeza y amabilidad. Era muy joven, pero me sentía empujada a actuar de ese modo por el testimonio de aquellas personas mayores que se habían dejado la piel en la defensa del país.

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La Crida (de entonces) movilizó a la población. El público empezó a devolver masivamente las entradas del espectáculo, que los humoristas realizaban en la sala de fiestas Scala-Barcelona. A raíz de las cancelaciones y con una posición nítida de la prensa, Tip y Coll se vieron obligados a suspender las funciones y a marcharse de Catalunya. La fuerza es de la gente.

Amo el castellano: es la lengua de mis abuelos maternos y es también mía. Hoy no les cuento una historia de hace 30 años, no. Hoy quiero poner el acento en la necesaria determinación de mantener los ejes que conforman nuestra identidad. Porque me he dado cuenta con sorpresa, que cuando recuerdo aquel episodio, sufro por ello. Será que no siento ni el presente ni el futuro inmediato bien afianzado.

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