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POLÉMICA RESOLUCIÓN

Binyhamin Netanyahu.

REUTERS

Israel, sin complejos

Jesús A. Núñez Villaverde

El Estado hebreo aprueba una ley que declara a Israel como el hogar nacional judío

Si cualquier otro país hubiera aprobado una ley como la que acaba de sancionar la Knesset israelí -Ley del Estado-Nación- nos encontraríamos no solo ante una avalancha de críticas por considerarla supremacista, racista y antidemocrática, sino también ante una enorme presión internacional para provocar su anulación. Pero Israel goza de tal nivel de impunidad que, más allá de puntuales diatribas como la que aquí se recoge, sabe que nadie relevante está dispuesto a llevarle la contraria hasta ese punto.

Así viene ocurriendo desde hace décadas, en una dinámica que ha permitido a Tel Aviv actuar a su antojo, sin límites y sin complejos, abusando con frecuencia no solo de la condición de víctima de muchos judíos maltratados por la historia, sino también de su obvia superioridad en todos los campos con respecto a sus vecinos. Si a eso se le une el silencio y la pasividad de quienes acumulan responsabilidades históricas en su contra o prefieren no ser señalados como antisemitas (confundiendo a sabiendas la crítica a un gobierno con la condena a un pueblo y sus valores más preciados), junto al apoyo irreflexivo de Washington (Trump solo es uno más de una larga lista), se entenderá de inmediato cómo se ha llegado hasta aquí.

Hebreo, única lengua oficial

Porque esta ley -que declara a Israel como el hogar nacional judío, reserva el derecho de autodeterminación solo a los judíos y únicamente reconoce al hebreo como lengua oficial- no ha salido de la nada. Por el contrario, es un paso lógico en un proceso que insiste en convertir en absolutamente irrelevantes a los árabes israelís, que ya constituyen en torno al 19% de los 8,4 millones de habitantes, y que tiene como objetivo final el control definitivo de toda la Palestina histórica.

Así queda reflejado también en otros apartados de la citada ley, en abierto desprecio al derecho internacional, al insistir en que Jerusalén es la capital completa y unida de Israel y al afirmar que el desarrollo de los asentamientos es un valor nacional y que el Estado promoverá su construcción y consolidación. En definitiva, para quien, consciente de que nadie se la va a jugar por los palestinos, está acostumbrado a imponer su dictado sin sentirse limitado por sus propios valores y principios éticos, resulta hasta difícil contenerse.

Una de las leyes básicas

Y es así como se ha llegado a una votación -con 62 votos a favor, 55 en contra y dos abstenciones- que, a falta de una Constitución escrita, convierte a esta norma legal en una de las 12 Leyes Básicas que sirven de fundamento al Israel nacido hace 70 años. Una norma que va a profundizar más aun la brecha interna en la sociedad israelí, a la espera de que pronto se dé incluso el paso de crear comunidades separadas para los judíos dentro de su territorio (¿cómo evitar que la calificación de 'apartheid' resuene cada vez con más fuerza?).

Quizás, necesitado de consejo sobre los límites del Estado de derecho, es esa la razón por la que Netanyahu acaba de invitar al tan democrático primer ministro húngaro, Victor Orbán, a visitar Israel.

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