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ANÁLISIS

Scarlett es muy mujer

Scarlett es muy mujer

Ramón de España

Scarlett Johanson pretendía protagonizar y co-producir una película, 'Rub & Tug', sobre un peculiar personaje real, Jean-Marie Gill, una lesbiana disfrazada de hombre -se hacía llamar Dante Tex Gill- que, durante los años 70 y 80, controló una serie de burdeles en su Pittsburgh natal. En 1984, Dante fue detenido / a por la policía y condenado / a a una pena de ocho años de cárcel por evasión de impuestos. Digo que pretendía porque, ante las protestas de la comunidad trans, que exigía un intérprete trans, Johanson se ha dado de baja del proyecto, que ahora, sin un nombre como el suyo, resultará mucho más difícil de levantar. Curiosamente, ninguna de las quejas tiene nada que ver con el personaje inspirador de la película, una mujer que, mientras intentaba cambiar de sexo, se dedicaba a explotar sexualmente a otras mujeres. Francamente, el amigo Dante no parece un personaje modélico, ni para la comunidad transgénero ni para nadie.

Tampoco se le ha ocurrido a ninguno de los quejicas abordar una cuestión obvia: que Scarlett Johanson es una deliciosa colección de curvas y un homenaje andante al cuerpo femenino que en ningún caso puede pasar por un hombre. A diferencia del personaje original, que era una mujer hombruna, obesa y escasamente agraciada a la que cualquier traje le sentaba mejor que un modelito de Balenciaga. Comprendo a los inspiradores del proyecto: contratar a una actriz fea, gorda y de aspecto masculino dificultaría enormemente la venta de entradas. Pero todo tiene un límite. Cualquier actor puede hacer el papel que quiera mientras la verosimilitud no se vaya al garete: lo demostraron Hillary Swank en 'Los chicos no lloran' o Eddie Redmayne en 'La chica danesa'. Y un actor heterosexual como Sean Penn interpretó a la perfección el papel de Harvey Milk, el primer alcalde gay de San Francisco. Pero cualquiera que haya visto fotos de Dante Gill -yo mismo, aunque no se lo deseo a nadie-, verá que darle ese papel a Scarlett Johanson es absurdo, por mucho que se esfuerce el departamento de maquillaje y peluquería.

La comunidad trans ha errado el tiro en sus motivos para echar a Johanson del proyecto. No se trata de que a un trans debe interpretarlo por obligación otro trans, sino de que, sea quien sea el que se haga con el papel, resulte mínimamente creíble. Por el bien de la película.