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Lo que queda atrás en Helsinki es la actuación más bochornosa de un presidente estadounidense en el último siglo

El orden internacional tiene que volver a construirse sobre la base de un mundo mucho mas interconectado. Lo sabemos: los viejos esquemas heredados de la Segunda Guerra Mundial no son adecuados para seguir funcionando y garantizar un mundo seguro y en paz. Lo que no contábamos es que esa reforma pueda venir de la mano de Donald Trump, poco más que una marioneta en el bolsillo de Vladimir Putin, tal y como quedó reflejado el lunes en la cumbre de Helsinki.

Tras la rueda de prensa de ambos líderes lo que queda atrás es la actuación mas bochornosa de un presidente americano en el último siglo. No hay medio de comunicación en EEUU, incluyendo ultraconservadores como la cadena Fox, gran defensora de este presidente esperpéntico, que no haya cuestionado su actitud sumisa. No hubo nada nuevo, solo la constatación de que Trump confía mas en los agentes del antiguo KGB, que en sus propios servicios de inteligencia, que acusan a Vladimir Putin de haber injerido en la campaña electoral para entregarle la victoria. Sabíamos que Trump admira a Putin, pero cuando lo que está en juego es la credibilidad de la democracia americana, sorprende que decline a ponerle la mas mínima presión y que además lo haga frente a los ojos de todo el mundo.

Imagen muy dañada

Donald Trump sale dañado de esta actitud tan resignada, pero no solo él. También salpica a este lado del Atlántico. Helsinki culmina una semana en donde ha entrado en Europa como un elefante en una cacharrería. Ha venido a decir que nos espabilemos con la OTAN, y sobre todo ha venido a estimular movimientos ultranacionalistas que proliferan por toda Europa con la intención de acabar con el proyecto común, incluyendo a los radicales del 'brexit', a los que ha animado a enfrentarse a la primera ministra Theresa May.

Curiosamente, muchos de estos movimientos reciben aire de Moscú, algunos en forma de recursos. Por eso ahora que los objetivos coinciden, Europa debe cuestionar si seguir pensando en EEUU como su principal aliado. Porque aunque el sistema americano tiene un equilibrio de poderes que en teoría limita la capacidad del presidente, lo cierto es que seguimos esperando a que empiecen a funcionar, incluyendo que las mayorías republicanas en el Congreso y en el Senado cuestionen las obsesiones de su presidente.

La UE, el enemigo

Mientras seguimos esperando, Trump declara enemiga a la UE y descubre a Putin como aliado. Tal vez la única ventaja de lo ocurrido estos días es que Rusia seguirá siendo el veneno que intoxique la política en Washington un tiempo más, lo único que podría acabar con esta etapa. Si no es así, mejor que empecemos a entender que lo que viene es el mundo de Trump: un nuevo orden mundial basado en el individualismo.

Tal vez a eso se refiere el “América primero”. Pero en ese escenario los autócratas tendrán siempre mejores perspectivas para gobernar. Puede que Trump se dé cuenta, o que EEUU decida poner fin antes, porque en un mundo así el único que gana es Putin, como lo ha hecho en Helsinki.

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