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Análisis

El presidente ha dicho cosas en el Congreso, las propias de quien preside un Ejecutivo pero no tiene suficientes apoyos en el Legislativo

¡Ay, Pedro! Has acabado con Rajoy y el PP, parece, tienes tu tiempo, que no es el tiempo 'mariano', al menos vas al Congreso y hablas. Ni cien días te han dado, quién lo iba a decir de una oposición tan dada a ser recurrida en el Constitucional por su falta de cultura democrática y reiteradamente cachondearse del Parlamento. Ahí acabaría mi carta de amor.   Por lo demás, el presidente ha dicho cosas, las propias de quien preside un Ejecutivo pero no tiene suficientes apoyos en el Legislativo. Es la regla de la democracia. Gestos, a veces potentes; acciones, en la mayoría de casos, de una cierta impotencia. Pero se agradece, al menos así pensamos algunos, también que es hora de que se reconozca la imposibilidad de algunas de sus promesas y, por qué no, su decidida actitud de no cumplir otras. A estas alturas, el mareo de la perdiz está fuera de lugar.

Hay un cierto repertorio de cosas que hacían falta: la recuperación de culturas que hacen bien a cualquier democracia como el entendimiento del Gobierno central, del Estado, con sus partes, digamos Catalunya. O la recuperación de los desperfectos de la austeridad en lo económico y el indisimulado recorte de las libertades civiles y los derechos sociales,    aprovechándose del viento de cara, para cercenar derechos sindicales. No se esperaba menos.

Desde que Sánchez decidió que Nadia Calviño fuera ministra, en economía nada de heterodoxia y sí compromiso europeo

Dicen que ha dicho cosas, que ha sido una intervención muy económica. Quizá pero, créanme, era lo más fácil. Desde que decidió el señor presidente que Nadia Calviño sería ministra, yo, al menos, sabía que nada de heterodoxia y mucho de compromiso europeo. Calviño era su jefa, la de los bruselenses. Déficit navegado por una de las mejores pilotas de Europa, una de ellos. Falta por saber si nuestra nave irá por el Rhin o por el Tejo, que así se dice en portugués. Habrá que esperar. El cambio, de momento, está en lo de quien reparte se lleva la mejor parte. Sánchez no lo quiere todo para él, cambio con Rajoy, reparte a la periferia, sí,  aunque nada del nuevo sistema fiscal. Catalunya marca su tempo. Lo esperado. Revalorización de las pensiones, faltaría más, con lo que llueve en Bilbao.

Estamos desarmados

No habrá más amnistías fiscales, o algo así. La sensación es que estamos desarmados. La amnistía de Montoro fue declarada inconstitucional, pero no tanto como para que sepamos qué amnistiamos y a quiénes. Sánchez se ampara en una ley que ampara a su vez a una decisión inconstitucional. Decepcionante. Cuando él no gobierne y otros decidan otra amnistía que no nos quepa duda de que los prestigiosos juristas que hoy dicen que no se puede levantar el velo, dirán que se puede hacer otra amnistía. Algo huele a podrido en Dinamarca, provincia sur.

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Un día de estos, a ver, se producirá la exhumación del dictador Franco del Valle de los Caídos. De lo que quede de él, que queda mucho. Es uno de sus gestos. Sin embargo , uno de los que más preocupan. Ninguno de sus antecesores socialistas se había atrevido. Eran más del régimen, por  eso,  Sánchez preocupa al 'establishment', porque solo puede hacer gestos, apenas. Ya tiene su efecto, incluso antes de que el Gobierno de Andalucía se haya pronunciado, acocotado y embargado en sus dudas, por la remoción de Queipo de Llano de la Basílica de la Macarena, la propia hermandad ha decidido exhumarlo. Largo brazo simbólico de Sánchez, poco o mucho, de momento.

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