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¿Y si nos da igual?

EL ARTÍCULO Y LA ARTÍCULA

¿Y si nos da igual?

Como ya saben todos ustedes, la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, ha pedido a los académicos de la lengua que se centren en determinar si nuestra Constitución está redactada en unos términos adecuados para reflejar la igualdad entre hombres y mujeres. En caso de que no sea así, se estudiarían fórmulas para modificarla.

Ante esta noticia, todos han tomado partido. Muy a favor, muy en contra, matices por aquí y por allá, pero al parecer la mayoría de las personas se han sentido muy concernidas al respecto. Los contertulios, los viñetistas, las redes, los amigos y familiares, absolutamente todos saben qué opinar sobre la propuesta de la señora Calvo.

Arturo Pérez-Reverte, por ejemplo, ha insinuado que dejará de ser miembro de la Academia si el asunto tira hacia adelante, y muchos han aplaudido su postura con entusiasmo. En el otro extremo, cientos de humanos de ambos sexos se muestran partidarios de la posible reforma y nos aseguran que es algo tremendamente necesario.

Pero, ¿y si nos da igual? ¿Y si nos importa un pimiento? Lo digo de verdad. Piénsenlo bien. ¿Por qué hemos de sentirnos implicados? Que añaden unos cuantos «los» y «las» en la Constitución. ¿Qué va a pasar? ¿De verdad a ustedes les afecta tanto el tema como para tener una opinión formadísima? Sean sinceros consigo mismos.

¡Pobre cerebro, tan blandito él, 
dejémoslo en paz de una vez!

Cuando hayan reflexionado y obtenido una respuesta, prueben con otros asuntos de actualidad. Descubrirán, asombrados, que muchos les importan menos de lo que ustedes creen. Oímos una noticia y en seguida forzamos a nuestro cerebro para que defienda una postura. ¡Pero pobre cerebro, tan blandito como es, dejémoslo en paz de una vez por todas! Somos un jefe agresivo de nuestro propio cerebro, lo tratamos como si fuera un redactor de opinión de un periódico, y es solamente un órgano gelatinoso lleno de preocupaciones y líos.

Maltraten sus cerebros si les apetece, fuércenlos a opinar cada día sobre 400 asuntos. Son libres de hacerlo, pero yo les aseguro que me rindo. No me da la real gana tener una opinión acerca de los «los» y los «las» que puedan incluirse en la nueva Constitución, ni sobre si solamente un «sí» de la mujer es un «sí» y todo los demás es un no. Que hagan lo que les apetezca, de verdad. Que me dejen vivir y que opine su padre si se aburre.

Voy a dar un paseo en bicicleta para tomar el sol, que no vamos a vivir para siempre. Buenos días. 

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