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Cambio de perfil en las líneas de la enseñanza

La enésima nueva agenda educativa

Xavier Bonal

Las ambiciosas medidas anunciadas por el Gobierno chocarán con el factor tiempo y la debilidad parlamentaria de los socialistas

La primera comparecencia de la ministra de Educación, Isabel Celaá, no puede haber dejado a nadie indiferente. Las líneas anunciadas por el nuevo ministerio son ambiciosas, a la vez que no exentas de polémica. Como viene ocurriendo cada vez que hay cambio político en el Gobierno estatal, la dirección política de la agenda educativa varía sustancialmente. Mientras algunos suelen ver en ello incapacidad de asentar un modelo de enseñanza común, e incluso el principal factor de un cierto retraso educativo, lo cierto es que lo que expresan estos virajes es básicamente la persistencia de la división ideológica sobre la educación: como modelo de interés público y de garantía  igualdad de oportunidades o como espacio de libertad y elección parental en el mercado educativo.

Compensar el déficit de equidad y eficacia

Hay que celebrar que la ministra haya toreado los temas más polémicos y sesgadamente politizados en torno a la inmersión lingüística o al supuesto adoctrinamiento de la escuela catalana para focalizar su mensaje en medidas concretas dirigidas a compensar déficit de equidad y eficacia de nuestro sistema educativo. La ministra ha marcado perfil con tres conjuntos de medidas, cuya ambición va a chocar con el factor tiempo y con la debilidad parlamentaria del partido del Gobierno.

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1. - Revertir la LOMCE en lo que se pueda. La supresión de los itinerarios prematuros y segregadores a los 13 años y el cambio de las pruebas de nivel por evaluaciones de diagnóstico buscan por la vía urgente parar las peores medidas de LOMCE, por cuanto injustas y excluyentes. A ello hay que añadir una buena noticia para los que investigamos en educación, como el contar con un número identificador del alumnado que permita conocer tanto sus trayectorias como su distribución social en las escuelas.

2. - Educación para la ciudadanía 2.0. La polémica vuelve a estar servida con la decisión de no hacer de la religión materia evaluable y recuperar una asignatura obligatoria en valores cívicos y éticos, y no como alternativa a Religión (la disyuntiva entre religión y ética siempre me invitó a preguntarme por qué la fe no requiere valores éticos). El paso de los años debería llevar a pensar en lo ridículo del debate sobre si la escuela debe o no ocuparse de educar para la ciudadanía. Por supuesto que debe hacerlo, porque es deseable y está entre sus funciones. Si no lo hace la escuela, ¿quién lo va a hacer?.

3.- Políticas compensatorias. La parte más social de la agenda se la llevan la educación infantil y las becas. Educar cuanto antes mejor tiene infinitas bondades, especialmente para los que están peor. La crisis económica ha dificultado todavía más el acceso de las familias más desfavorecidas y es necesario compensar sus efectos. En cuanto a las becas, seguimos a gran distancia respecto a la media europea, en cobertura e intensidad. Veremos qué medidas y qué esfuerzo va a destinar el Gobierno en un contexto de presupuestos cautivos.

Ante esta agenda de política educativa es más que probable que el paracetamol anunciado por Soraya Sáenz de Santamaría tenga que repartirse entre el presidente y la ministra de Educación.

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