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Editorial

Cambio de rumbo en Educación

Un tema frágil y delicado como la educación exige consenso y altitud de miras. Y es urgente entenderla a favor de la laicidad y del apoyo a la escuela pública, alejada de imposiciones ideológicas

La ministra de Educación y portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, en una imagen de archivo.

La ministra de Educación y portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, en una imagen de archivo. / JOSE LUIS ROCA

Cuando se aprobó, en 2014, la ley Orgánica para la mejora de la calidad educativa (LOMCE) fue percibida por la oposición progresista como “una ley ideológica y pedagógicamente nefasta”. Era la séptima que se aprobaba desde la llegada de la democracia y venía a certificar un cambio de rumbo conservador con el que el PP pretendía imprimir a la educación su propio acento, arcaico en las formas, alejado de las nuevas pedagogías, y altamente beligerante en asuntos como la religión. Es natural, pues, que con el PSOE en La Moncloa, uno de los primeros puntos a abordar por los socialistas sea el de la reforma legislativa, bien con modificaciones sustanciales de la ley Wert o con la propuesta en el futuro de una nueva ley orgánica.

En las primeras medidas anunciadas por la ministra de Educación destacan la consideración de que la religión dejará de ser asignatura computable y a favor de la obligatoriedad de una materia común para todos los estudiantes basada en “valores cívicos y éticos”. Además, se acabarán los itinerarios educativos que segregaban a los alumnos desde los 13 años y se potenciará la revisión del modelo de becas para equipararlo a la media europea. Todo ello, con la idea expresada por Isabel Celáa que “la equidad es nuestra mayor fortaleza”.

Visto desde Catalunya, reconforta la defensa de la inmersión linguística, un tema en el que abundan los pirómanos. Frente a los tiempos de "españolización" de los niños catalanes, la postura del Gobierno es mucho más que un gesto hacia la sociedad catalana.

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