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LA CLAVE

BCN, entre Colau y el 'procés'

Albert Sáez

El turismo se enfría en Barcelona. Ese era uno de los objetivos fundacionales del movimiento entorno a la alcaldesa Colau. El dinero barcelonés ha sido siempre muy adaptativo. Las grandes fortunas surgidas del textil y de los negreros han preferido siempre un buen bono a un mal pelotazo, mejor un tipo de interés alto que un incremento sobrevenido de capital. No responden al estereotipo del 'botiguer' pero tampoco al de los magnates financieros. Tras pasar por la industria, el inmobiliario a y los servicios ahora tienen invertido mucho capital en el turismo, desde los hoteles a los apartamentos pasando por la restauración y el comercio. Pero por primera vez en la historia no se han adaptado a Colau, ni tampoco al independentismo. Andan desorientados. Pactaron con dictaduras y repúblicas e hicieron muy buenos negocios a finales del siglo pasado ahondando en la dialéctica entre Pujol Maragall. Y la pregunta que se hacen es: ¿Cómo echar a Colau?

Y la respuesta no está nada clara. El 'road-show' de Manuel Valls les ha encantado porque a pesar de llenarse la boca de cosmopolitismo, muchos tienen un toque provinciano. Les maravilla cuando les habla de la Europa de las ciudades y de la lucha contra el populismo. Y se olvidan del plantón que le dio Macron cuando se quiso ministro. Si, finalmente, la Barcelona bienpensante opta por Valls frente a Colau, el tiro les puede salir por la culata porque el voto útil independentista de los electores menos politizados podría ser para Colau, especialmente si -como parece- no hay lista unitaria. En el fondo, lo que no está claro es el análisis previo. Este enfriamiento del turismo a días es culpa de la política municipal y a días es culpa del 'procés'. Si fuera la primera hipótesis, Valls no sería el más indicado. Si fuera la segunda, posiblemente, sí. Aunque una mirada más en detalle, igual llevaría conclusiones más globales. Como por ejemplo la entrada de grandes fondos que compiten ahora con el capital local y arrastran el mercado inmobiliario y hotelero al alza. O la ausencia de atentados en otras capitales europeas. O el impacto del atentado de la Rambla que ya nadie recuerda. Sí, que vuelva la Barcelona cosmopolita, la que sabe leerse en un mundo global. 

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