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Dos miradas

Si alguien se burla de la contundencia o ferocidad al combatir el machismo, recordemos a las tres asesinadas en solo dos días. Ni una concesión al machismo

24 años. La última víctima… Siempre produce aprensión escribir esta frase. La conciencia de que en el mismo momento en el que se escribe o en el intervalo en el que es leída más muertes pueden haberse sumado. Como si de un virus letal se tratara. Una terrible peste que aniquila el ánimo y la voluntad, la vida misma. Tenía 24 años y la mató su pareja. Sobre él pesaba una orden de alejamiento.

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Tercer asesinato machista en apenas dos días. Tres. ¿Somos conscientes del gravísimo problema que tenemos? Si entendemos que el asesinato es la punta del iceberg, ¿comprendemos que el machismo es una tragedia que afecta a cientos de miles de mujeres? El mal ataca a personas de todas las clases sociales y nacionalidades. Y, desgraciadamente, no acaba con la separación. ¿Podemos imaginar la angustia cotidiana de tantas? Siempre tratando de calibrar la intensidad de la amenaza. ¿Qué habrá querido decir? ¿Seré yo que he interpretado mal ese gesto? Midiendo cada palabra que se dice, cada acto que se hace para no despertar al monstruo. El horror si hay hijos compartidos. Últimas víctimas de la manipulación o de algo peor.

La próxima vez que alguien se burle de la contundencia, incluso la ferocidad con la que muchas (también, muchos) tratamos de combatir el machismo, recordemos estas tres muertes. Tres últimas cuentas de un rosario infinito. Nos sobran razones. Y aún falta una conjura ciudadana. Ni una concesión al machismo. Ni una.

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