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UN PROBLEMA EUROPEO

La extrema derecha toma el mando

Carlos Carnicero Urabayen

La extrema derecha hace tiempo que pasó de ser una amenaza hipotética a una corriente política que gobierna y marca la agenda

He mencionado alguna vez la metáfora. No vencerás a una araña si aspiras a hacerlo en su propia red. Está ocurriendo en Europa con la inmigración: los partidos tradicionales han terminado por comprar el marco mental de los populistas. Acomplejados, renuncian a la pedagogía, los valores y la política de Estado y se dejan seducir por la demagogia; demasiado contagiosa sobre todo si gobiernas en coalición con la extrema derecha. Está resultando letal para la salud democrática europea.

Los gobiernos de Italia, Austria y Alemania planean nuevas medidas para cerrar la denominada ruta del Mediterráneo a los inmigrantes. Sus ministros del Interior participarán en una cumbre para pactar un método de expulsión que no les “perjudique” a unos y otros. Se quieren despojar de los migrantes –unos huyen de la guerra y otros del hambre; todos desesperados para tener que abordar un viaje de este tipo – como si fueran piojos.

El original y la copia

En Italia y Austria, la Liga y el Partido de la Libertad, formaciones de extrema derecha, forman parte de los gobiernos de coalición y están al frente de las carteras relacionadas con la seguridad. En Alemania, formalmente, no, aunque la CSU, los democristianos bávaros, socios de Merkel, llevan años envueltos en una espiral ultraconservadora ante el temor de que Alternativa por Alemania -la  temida ultraderecha en un país con un pasado tan delicado- termine por vencer en las urnas. Servirá de poco: ya se sabe que el original termina por vencer a la copia.

La gestión ultra que abanderan estos ministros del Interior resulta más insultante si consideramos las cifras. No hay crisis migratoria, más bien crisis de la política migratoria. Si en el 2015 llegaron más de un millón de personas a Europa, que tiene una población de 508 millones, este año lo han hecho unas 50.000, según datos de la Comisión Europea. Como colofón, Europa es un continente envejecido que necesita invertir su curva demográfica para que el sistema sea sostenible. Con audacia, podríamos convertir una supuesta amenaza en oportunidad.

Situación desbordante

La Unión Europea hace tiempo que está desbordada y ausente. La Comisión y el Parlamento Europeo tienen voluntad e ideas, entre ellas la propuesta de fijar cuotas obligatorias para que los países acojan refugiados. La idea fracasó boicoteada por algunos países como Hungría y Polonia, también con ultras al frente de sus gobiernos. La solución pactada en la última cumbre europea es todavía un enigma, pero dada la iniciativa que comentamos, no parece que la Unión tome el pulso debido en este asunto.

La extrema derecha hace tiempo que pasó de ser una amenaza hipotética a una corriente política que gobierna y marca la agenda en un tema tan sensible como la inmigración. El riesgo inmediato es terminar con Schengen, el espacio sin fronteras que tan bien simboliza la idea de Europa. Pero lo más peligroso es el contagioso repliegue nacional y los enfrentamientos de unos vecinos que en el pasado fueron enemigos. 

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