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Dos miradas

La indignación por dejar en la calle a 'La manada' se mantiene y quema como un hierro candente ante tanta insensatez

Han pasado unos días desde que la Audiencia de Navarra dejó en libertad a los cinco miembros de 'La manada'. Han llegado a su casa, tan panchos, y han montado una fiesta. Cuando se abría la puerta de la vivienda del Prenda, todo eran muestras de euforia y gritos de celebración en el interior. Afuera, las cámaras de televisión estaban pendientes de cualquier movimiento: amigos, conocidos, familiares que iban a comprobar en persona cómo funciona la justicia española. Después, declaraciones a la prensa. Uno de los vecinos incluso dijo que quien debería estar en la cárcel es la chica violada, porque se lo inventó. Cualquier día, uno de estos cinco bastardos, uno de los niñatos, fatuos y altivos, irá a un plató a defender su versión de los hechos o participará en un programa de esos en los que hay unos cuantos que se van a una isla desierta.

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Han pasado días, pero la indignación se mantiene y quema como un hierro candente ante tanta insensatez. El argumento que justifica la no reiteración de su conducta es demencial. No lo volverán a hacer porque son demasiado conocidos, porque que la sociedad los rechaza y porque no podrán llevar una vida normal. Es exactamente lo mismo que podrían haber dicho de Charles Manson o de Mark David Chapman. Es decir: la rabia hacia estos individuos les ha acabado liberando. ¿Esto quiere decir que si no supiéramos qué cara tienen y no hubiéramos protestado, ahora todavía estarían en la cárcel? Digo demencial, pero me quedo corto.

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