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Dos miradas

 La bombilla Livermore, junto a la webcam que la vigila, en el parque de bomberos de esta localidad californiana.

Centennial Bulb

Este lunes cumplió un siglo y diecisiete años la bombilla Livermore. Tenía una potencia de 60 watios y ahora solo ilumina tenuemente con 4, pero ilumina, que es de lo que se trata

Este lunes cumplió un siglo y diecisiete años la bombilla Livermore. Se instaló el 18 de junio de 1901 en el departamento de bomberos de Livermore, un pequeño pueblo de California, y, salvo en un par de ocasiones, por obras de renovación del parque, nunca ha dejado de iluminar los días y las noches de los bomberos. Se ha convertido, no te digo, en una atracción turística. Más allá de los viñedos, que también lo son, Livermore no tiene mucho que ofrecer, a no ser que seas químico y estés interesado en el origen de un elemento sintético de la tabla periódica, el Livermorium, que no se encuentra en la naturaleza y fue creado en un laboratorio. O que tengas una especial predilección por los laboratorios especializados en armamento nuclear, como los Sandia National Laboratories, con sede en Livermore.

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Es decir, la bombilla da de sí. Conmemoraron el centenario y también el "1Millionth Hour Birthday", el primer millón de horas que lleva encendida. Y también hay una galería de ciudadanos ilustres encargados de mantener con vida la bombilla incandescente en activo más antigua del planeta. Tenía una potencia de 60 watios y ahora solo ilumina tenuemente con 4, pero ilumina, que es de lo que se trata. Escribo todo esto porque acaban de reventar las cuatro halógenas del pasillo que compré ayer en un bazar. Y porque la tele también ha dicho basta esta tarde, mientras intento terminar el artículo antes que desaparezca del ordenador que parpadea.