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Resulta que la tan aclamada homosexualidad de los atenienses era en realidad una relación pasajera, muy circunscrita, pautada y acotada, exclusiva de ciudadanos ejemplares, padres de familia e incluso de la patria. Según se desprende del volumen 'Eros gai' -traducción catalana muy bien prologada del libro XIII de la Antología Palatina- recién publicado por Adesiara, los atenienses ilustres elegían y educaban a un joven a cambio de favores sexuales.

La cosa no acaba aquí. Los adolescentes debían resistirse al principio para estimular el deseo del adulto. Si aceptaban al doble maestro y enamorado protector, eran introducidos en sociedad, a condición de no experimentar ningún tipo de goce cuando eran introducidos analmente por sus patrocinadores. Si el placer del dominante era sublime, el del dominado habría sido tenido por síntoma intolerable de afeminamiento. El segundo tabú de esta relación sexual tan bien vista era el pelo. Cuando aparecía "la maldita barba" se acababa el amor gay y el joven se preparaba para el matrimonio, de preferencia con una chica de buena familia.

El mundo cambiará cuando las pautas de la sexualidad dejen de ser dictadas por el género hasta hoy dominante

El más refinado de los deseos, el más sublime según los versos de la Antología Palatina, debía ser efímero. Existe una variante del caso documentada en Argel cuando Cervantes estuvo esclavizado allí. Cada viernes, los señores de la ciudad se paseaban por las murallas luciendo a sus jovencísimos amantes, como en un concurso de belleza de muchachitos maquillados, ataviados y enjoyados con barroca devoción. ¿Alguna explicación, freuds y foucaults?

El pasado fin de semana, en Barcelona, ​​Primer Festival de Literatura Queer: cyborgs y feminismo, QLit, géneros binarios, cuerpos agujereados... Así como hemos pasado del "todos" al "todos y todas" para aterrizar en el "todas", el mundo cambiará de verdad cuando las pautas de la sexualidad dejen de ser dictadas según la errática y caprichosa voluntad del género hasta hoy dominante.

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