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Pequeño observatorio

Contestar cartas, ¿pero qué?

Contestar cartas, ¿pero qué?

Josep Maria Espinàs

Ahora nos envían correspondencia para que recordemos la memoria de unos productos comerciales

Cuando yo era un niño, y vivía en un piso del Eixample de Barcelona, ​​había una costumbre social que practicaban algunas familias. No hablo de gente muy rica y poderosa, sino de barceloneses de clases medias que podríamos calificar de acomodadas.

La guerra civil trastocó muchas costumbres. Bastante tenían mis padres para sobrevivir, ellos y nosotros, sus hijos.

¡Qué contraste con unos cuantos años atrás! Era otra generación y otra sociedad. Hace pocos días he encontrado un texto sobre la mujer; entre otros, la figura de una mujer llamada La Ben Plantada, designada así por Eugeni d'Ors.

Qué tiempo en el que se podía explicar que aquella señora tenía un metro y 85 centímetros de altura y 60 centímetros de cintura!

Pero lo que encuentro más interesante es conocer sus ocupaciones. No puedo saber quién hizo esta lista de las ocupaciones a las que se dedicaba La Ben Plantada. Quién sabe si la lista la hizo ella misma. En cualquier caso, la lista es fantástica.

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Primera, dormir. Segunda, bañarse. Tercera, ir al teatro. Cuarta, bailar. Quinta, recibir cartas de las amigas. Sexta, coser. Séptima, lavar, en verano, si no se lo impedían, con los brazos hundidos en el agua. Octava, leer. Novena, hacer visitas, conversar y otros deberes que impone la sociedad. Décima, contestar las cartas de las amigas.

Hoy, como tanta gente, recibo cada día un haz de cartas considerable. No son de amistad ni de amor. Son textos publicitarios que recibirán, como yo, miles de ciudadanos. Un poeta dijo: "Carta os dará de la memoria mía".

Ahora nos envían cartas para que recordemos la memoria de unos productos comerciales.