Ir a contenido

ideas

Laura Borràs, en el Parlament.

FERRAN SENDRA

República de lenguas

Xavier Bru de Sala

Tanto la neófita Laura Borràs como el gato viejo Josep Borrell deberían ser más inclusivos. No los equiparo, porque el ministro, al contrario de la consejera, haría lo que pudiera, y de la forma más retorcida, para atizar la discordia.

Ya que la viga en el ojo del otro pesa demasiado esperaremos a que caiga por su propio peso e intentaremos extraer la paja del propio. Que el catalán ha sido perseguido a lo largo de la historia con el objetivo de implantar el castellano es tan cierto como parcial: no por imposición el castellano es la primera lengua de millones de catalanes.

En consecuencia, en vez de olvidarlo, la flamígera consejera y exdirectora de la Institució de les Lletres Catalanes debería idear e implementar un sistema institucional y emocional de amparo y promoción de los escritores catalanes en otros idiomas, empezando por el castellano. Quien quiera hacer república que empiece por ser inclusivo.

El gran Vázquez Montalbán protestaba cuando era tachado de anomalía por escribir en su lengua, y ni haber escrito en catalán el libreto del musical 'Flor de nit' le redimió. El teatro en catalán de Eduardo Mendoza también parecía que molestara. En cambio, el patriota Sánchez Piñol escribe su novela patriótica en castellano y, como es natural, nadie se lo reprocha.

El catalán necesita cómplices y amigos en vez de excluidos

Que el catalán es y será la lengua débil, que habrá que protegerla con especial intensidad sólo puede discutirse desde el asimilacionismo. Por eso el catalán necesita cómplices y amigos en vez de excluidos. Que se los tiene que ganar, que debe hacerse querer, también parece obvio. No se encuentra un Gil de Biedma en cada esquina, dispuesto a defender a cambio de nada y con vehemencia cualquier medida a favor del catalán y a denunciar por franquistas a los detractores.

La divisoria, consejera, debería situarse entre la multitud que no usa el catalán por comodidad y los cuatro gatos que no lo hacen por hostilidad.