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MIRADOR

Margarita Robles (iz) y Pedro Sánchez, juntos en el Senado, en septiembre del 2017 

JUAN MANUEL PRATS

A desalambrar

Luis Mauri

La moción de censura puede ser una oportunidad de oro para intentar encauzar la mayor crisis política desde la Transición: el conflicto catalán

Mariano Rajoy está a punto de marcar un hito en la historia política de España. Esta semana, se convertirá en el primer presidente del Gobierno de la democracia defenestrado por una moción de censura de la oposición. O bien, aunque esta opción es menos probable que la anterior, el primero que habrá superado dos mociones de derribo en el Congreso.

Después de que Podemos y los independentistas hayan decidido respaldar la moción de censura del socialista Pedro Sánchez, que Rajoy sea descabalgado o confirmado en su puesto depende exclusivamente del voto de los cinco diputados del PNV. Unas horas antes de que los nacionalistas vascos anuncien el sentido de su voto, algunos indicios apuntan a que pueden acabar facilitando la caída del Gobierno del PP.

Dos inquietudes

Los socialistas han tratado de disipar las dos grandes inquietudes que este lance proyectaba sobre el PNV. Una,  asegurar los 540 millones de euros pactados con Rajoy en los Presupuestos recién aprobados por el Congreso. Y dos, evitar una convocatoria electoral inmediata que pudiera dejar el Ejecutivo en manos de Ciudadanos, el archienemigo del concierto vasco, piedra sagrada de la autonomía de Euskadi. Con ambos puntos amarrados, ¿por qué razón debería cargar el PNV con el sambenito de servir de parapeto a un presidente y un partido marcados al hierro por la corrupción?

La moción de censura de Sánchez es fruto de la confluencia de una coyuntura política oportuna y un análisis inteligente aunque arriesgado. Y también de la necesidad del líder socialista de hallar una palanca para darle un vuelco a una situación que lo conducía poco menos que a la irrelevancia factual. En realidad el riesgo no es tal, o no es tanto: el dilema se reducía a jugársela con la moción de censura o languidecer encerrado en un armario, enrolado sin remedio en la escuadra del 155, privado de tribuna y altavoces, carente de presencia institucional, falto de calor en el PSOE, no por parte de las bases pero sí  de poderosos resortes de la estructura.

Suárez y Gorbachov

Más allá de la sentencia de Gürtel y de las que están por venir en el inconmensurable cenagal de corrupción de la derecha española, la moción de censura puede suponer una oportunidad de oro para intentar desanudar la mayor crisis política e institucional del país desde la Transición. La tarea de desalambrar el conflicto catalán se antoja homérica, amenazada por peligros y tentaciones fabulosos. Es una misión condenada al fracaso si no es conducida por un líder con responsabilidad política, visión estratégica, sentido de Estado y coraje para mantener el rumbo pese a la adversidad, los escollos y los cantos de sirena. Suárez y Gorbachov son dos paradigmas de eficacia desalambradora. Uno desmontó desde dentro el franquismo y el otro, el comunismo soviético.

¿Reúne Sánchez esas condiciones? Eso está por ver. Sus vacilaciones de los últimos meses, calculadora en mano, no prometen. Pero las condiciones ambientales determinan la evolución de las especies. Y el poder, aunque sea transitorio, es una condición ambiental extremadamente influyente. Para quien lo tiene, para quien lo pierde y también para quien lo ve al alcance de la mano y tropieza en los últimos metros.

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