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La hoguera

Evaristo, excantante de La Polla Records, con su grupo Gatillazo.

Policías con piel de bebé

Juan Soto Ivars

Evaristo sabe que, igual que él es un lírico, la policía es melancólica y oculta bajo sus uniformes una piel rosa de bebé

La Guardia Civil ha denunciado a Evaristo y por lo visto le va a caer una multa. Parece que dijo encima del escenario algo así como “policías hijos de puta”, lo cual me parece muy raro. Evaristo, el cantante de Gatillazo y La Polla Records, es un artista que siempre se ha caracterizado por la delicadeza de sus letras, la finura de su acompañamiento musical y el respeto reverente hacia toda forma de autoridad, jerarquía y estructura social. Llevo siguiendo de cerca su carrera desde hace 20 años, lo he visto mil veces encima de los escenarios y juro que siempre ha demostrado un cariño cordial por las fuerzas del orden.

El autor de discos tan sutiles como 'La Polla en tu recto' o 'Toda la puta vida igual' jamás pronunciaría esas palabras. Evaristo respeta a los fachas, a los españoles, a los catalanes, a los vascos, a los catetos, a la gente de ciudad, a los fabricantes de yogures, al ejército, a los fabricantes de armas, al rey, a los americanos, a Dios y sus ministros, a los periodistas y, sobre todo, por encima de todo, a la benemérita y la policía.

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Los guardias civiles oyeron mal, no me cabe duda. La idea de que Evaristo cometa semejante falta de respeto, ¡y además en público!, es tan descabellada como suponer que los músicos de su banda llevan porros y 'speed' en las riñoneras o se ponen tibios de calimocho. Cualquiera que haya estudiado en el conservatorio un par de años sabe, además, que el punk ha sido siempre, desde que lo inventaron los ingleses, un estilo limpio, melódico, ideal para disfrutarlo en compañía de toda la familia. ¿Insultos a la policía en uno de esos recitales? Tan descabellado como imaginar a un bajista jamaicano fumando marihuana.

Evaristo sabe muy bien que los agentes de la policía son seres delicados, pálidos como muchachas tuberculosas, rubicundos, tiernos y, sobre todo, extremadamente sensibles. Sabe que, igual que él es un lírico, la policía es melancólica y oculta bajo sus uniformes una piel rosa de bebé que se irrita como un culito cuando alguien dice algo feo. Por eso es tan necesaria la 'ley mordaza'.

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