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Dos miradas

Hay una persona. La hay. Una mujer que conseguiría unir el voto de la mayoría de ciudadanos de izquierdas. Carmena podría ser. Iglesias y Sánchez no serán

Entre un Pablo Iglesias que ha quedado prisionero de su propia demagogia (al menos su cárcel tiene piscina, jardín y vistas) y un Pedro Sánchez que corre espantado por la alargada sombra de Albert Rivera (lástima que con la precipitación se haya colocado detrás, a rebufo del discurso de Ciudadanos, y no delante con ideas propias), la izquierda no se libra de su incapacidad. Sus liderazgos son también el rostro de una socialdemocracia que balbucea y una crisis territorial que extenúa a España. Sánchez e Iglesias arrastran un pasado de hostilidad que impide pensar en futuras alianzas entre ellos.  ¿Y ya está? ¿Se rinde la izquierda a la adversidad? O, algo peor, ¿observa el horizonte y elucubra con pactos que acaben de desdibujar lo que representa?

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Hay una persona. La hay. Una mujer que conseguiría unir el voto de la mayoría de ciudadanos de izquierdas. Es sólida, solvente, cabal, con voluntad para tejer acuerdos, también con Catalunya, y trabaja por el bien común. “En serio: ¿por qué no dejamos que Manuela Carmena, la superabuela, se encargue de España unos años y la arregle?”, se preguntaba James Rhodes en un reciente artículo en 'El País', en el que el afamado pianista relataba todo lo bueno que ha encontrado en España. Carmena podría ser. Iglesias y Sánchez no serán.

Un último apunte, esa ciudad sonriente, efervescente, cordial a la que Rhodes declaraba su amor, hace algo más de 10 años no hubiera sido Madrid.

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