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LA CLAVE

El president Quim Torra durante la concentración a favor de los presos políticos, ayer, en la Plaça de la Catedral.

CARLOS MONTAÑÉS

Torra: palabras y hechos

Enric Hernàndez

En el 'procés 3.0', los gestos simbólicos y la dialéctica inflamada ocultan la división del independentismo, la ausencia de una hoja de ruta compartida y la imposibilidad material de implementar la república

Quim Torra es el primer 'president' de la Generalitat que llega condenado de casa. Prolífico como articulista y tuitero, los lacerantes escritos con los que quiso forjar su activismo, así como la devoción por los independentistas más siniestros del siglo XX, se proyectan como negra sombra sobre una ejecutoria presidencial aún por estrenar. Solo el paso del tiempo permitirá guardar la brocha gorda y perfilar con rigor las diferencias entre el Torra inflamado y el 'molt honorable' Torra.  

En la última década, su ágora digital ha sido un 'demo' muy delimitado: el de los independentistas alérgicos al concepto mismo de España. Escribía solo para quienes pensaban (y piensan) como él, incurriendo en una sinécdoque identitaria --confundir a una parte del pueblo con el todo-- muy común en el periodismo de trinchera, pero del todo imperdonable en el futuro gobernante que entonces ignoraba ser. 

Que al pactar la investidura ni Carles Puigdemont ni él mismo juzgasen impertinente este lastre solo puede responder a la ingenuidad o a la predeterminación. Descartada la primera hipótesis, por lógica y respeto intelectual a ambos actores, cabe inferir que las aristas ideológicas de Torra se consideraron atributos positivos para el objetivo perseguido: cronificar la tensión. Así lo indica la flacidez de sus disculpas parlamentarias y la renuncia a abjurar de lo escrito.

ENCONO INDEPENDENTISTA

Distinto análisis merece el perfil que ofrece desde que fue ungido en Berlín. Torra reincide en la sinécdoque --el 47% del voto es "el pueblo"-- y reproduce el discurso de su mentor: el "mandato" del 1-O, la república, la condena del "autonomismo"... Pero sin concretar cómo hará realidad ese imaginario, y rehuyendo incluso los escenarios de unilateralidad que le reclama la CUP. Abundan las palabras, pero escasean los hechos.

La dialéctica inflamada y los gestos simbólicos operan, de nuevo, como cortina de humo que oculta la división y encono entre las fuerzas independentistas, la ausencia de una hoja de ruta compartida y la imposibilidad material, ya constatada, de implementar la proclamada república. Bienvenidos al 'procés 3.0'. 

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