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Incertidumbre en Centroamérica

Nicaragua, Nicaragüita

LEONARD BEARD

Nicaragua, Nicaragüita

Salvador Martí Puig

El país ha experimentado un acelerado proceso de involución democrática, al que se le ha sumado el manejo arbitrario de recursos en beneficio de los familiares y allegados del presidente

Para los que estuvimos vinculados con el movimiento de solidaridad con la Revolución sandinista lo que acontece hoy en el país es terrible, aunque quizá no debería sorprendernos. Los derroteros que ha seguido la política nicaragüense a lo largo de la historia son únicos. En poco más de un siglo Nicaragua ha experimentado una ocupación norteamericana, un régimen liberal oligárquico, una represiva dictadura familiar, un régimen revolucionario de corte socialista, una democracia liberal y, desde el 2007 (con la vuelta de Daniel Ortega al poder) un régimen híbrido que combina instituciones democráticas con elecciones autoritarias.

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De los episodios históricos citados la Revolución sandinista fue el más relevante y honroso, ya que supuso un esfuerzo colectivo de transformación social y económica en beneficio de grandes mayorías. Como todo el mundo sabe, dicha experiencia se enredó como consecuencia, sobre todo, de una guerra patrocinada por Estados Unidos.

Ya ha llovido mucho desde entonces, y hoy ni Ortega ni el FSLN representan lo mismo que en los 80. He escrito varias veces en este periódico sobre la vuelta al poder de Ortega a raíz de una "singular" victoria electoral en el 2006. Desde entonces Nicaragua ha experimentado un acelerado proceso de desinstitucionalización y de involución democrática, fenómeno al que se le ha sumado el manejo arbitrario de recursos económicos en beneficio de los familiares y allegados del presidente.

En un inicio parecía que la vuelta del FSLN daría cuenta de la clásica frase que Marx acuñó en su obra 'Dieciocho de Brumario' que dice "la historia ser repite dos veces: una vez como tragedia y otra como farsa". Muchos pensaban que la vuelta de Ortega, del brazo de su mujer (ahora vicepresidenta), con consignas esotéricas y estandartes color rosa chicle tenía visos de farsa. Sin embargo, desde mediados de abril, se ha visto que no: vuelve a asomarse la tragedia en el país.

Protestas y represión policial

El 21 de abril, por sorpresa de todos, estallaron protestas protagonizadas por miles de estudiantes que protestaban por una multitud de agravios acumulados. Si bien las demandas iniciales se referían a una reforma del Seguro Social y por la pésima gestión del Gobierno ante un incendio que asoló parte de la reserva ecológica Indio Maíz, las movilizaciones rápidamente se transformaron en el rechazo a la forma autoritaria, patrimonial y plutocrática de gobernar por parte de la pareja presidencial.

Ante estas protestas el Gobierno acusó a los manifestantes de vándalos y delincuentes, y  respondió con represión policial y la activación de grupos paramilitares. Desde esa fecha las movilizaciones no han remitido, y tampoco la represión. Algunas organizaciones de derechos humanos contabilizan más de medio centenar de muertos y centenares de detenidos. Mientras, la gran patronal (otrora aliada de Ortega) ha empezado a distanciarse del Gobierno, y muchos sectores piden ya una salida negociada a la crisis. El desenlace es incierto y hay pocos elementos para para  ser optimista. De todas formas son muchos los que califican de "primavera nicaragüense" las protestas que han protagonizado miles de jóvenes nicaragüenses durante estas últimas semanas.

Temas: Nicaragua

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