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matanza en gaza

Un joven en las protestas en Gaza

La catástrofe que no cesa

Rosa Massagué

La 'Marcha por el retorno' ha reproducido las imágenes bíblicas de David contra Goliat, de los jóvenes palestinos armados con hondas y tirachinas y unos soldados israelís pertrechados con el más moderno material bélico

Israel celebra el 70º aniversario de la creación de su Estado. La otra cara de la moneda es la conmemoración del 70º aniversario de la Nabka, de la catástrofe que fue para los palestinos la expulsión de sus casas y sus tierras, la destrucción de numerosas aldeas, además de la matanza de civiles en lo que se califica de limpieza étnica. Siete décadas dan para la creación de un país floreciente como es Israel. También dan para la continuación del desastre agravado ahora por el arrinconamiento creciente de la causa palestina en una zona del mundo que ha visto como nuevos conflictos suscitan mayores preocupaciones e intereses ya sea en la industria armamentística, en la energética, y, naturalmente, en la estrategia de las potencias tanto globales o regionales. Ahí están los conflictos en Irak, Siria, Libia o Yemen.

El resultado de la catástrofe de 1948 fueron 700.000 palestinos refugiados. Hoy, 70 años después, su número asciende a cinco millones según los registros de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) repartidos en 58 campamentos en la zona. Una triste ironía de la historia es que muchos encontraron refugio en Siria, país cuya guerra ha generado la mayor emergencia humanitaria en la historia de dicha agencia.

Los palestinos no han tenido los mejores gobernantes como demuestra el que en el pasado se hayan enfrentado violentamente entre ellos y que aun hoy, pese a declaraciones y compromisos para olvidar las diferencias, sigan divididos. Pero ello no significa que no lleven la razón frente a un Israel que les acosa, que les humilla con nuevas colonias en los territorios que ocupa ilegalmente, un Israel gobernado por el primer ministro más derechista que ha tenido el país como es Binyamin Netanyahu que no está dispuesto a seguir el proceso de paz y si lo está es con condiciones previas que sabe que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) no puede asumir como es la capitalidad israelí de Jerusalén.   

No perder la memoria

Pedir el retorno a las casas y las tierras de 1948, aunque sea legítimo, es hoy inviable, pero es una forma de luchar, de no perder la memoria y de hacer visible un conflicto que corre el peligro de entrar en la categoría de olvidado. Por eso la llamada ‘Marcha por el retorno’ iniciada el pasado 30 de marzo en la frontera de Gaza era importante para los palestinos que viven divididos geográficamente en una Cisjordania menguante sometida  al control administrativo y de seguridad de Israel, y en una franja de Gaza de la que el ocupante se retiró en el 2005 bloqueándola y convirtiéndola en una gran cárcel a cielo abierto.

La marcha ha reproducido las imágenes bíblicas de David contra Goliat, de los jóvenes palestinos armados con hondas y tirachinas y unos soldados israelís pertrechados con el más moderno material bélico, ni siquiera material antidisturbios. Solo que a diferencia del libro sagrado, los perdedores son los ‘davides’ que ya suman más de un centenar de muertos y 10.000 heridos de bala en las siete semanas. El drama es que en la actual situación de olvido, de sentirse atrapados sin posibilidad de escapar, no faltarán ‘davides’ dispuestos a morir.

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