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ANÁLISIS

Yerri Mina, por delante, de Ter Stegen y Andre Gomes, en un entrenamiento en la Ciutat Esportiva

JORDI COTRINA

Cuando el orden sí altera el producto

Sònia Gelmà

Los últimos partidos del Barça se han convertido en un examen para jugadores que buscan su rol en el equipo, al menos ante la opinión pública. Así, por ejemplo, Dembélé se convirtió en un 'crack' hace unos días y volvió a ser ese aspirante desubicado en el partido ante el Levante. Una montaña rusa que imaginamos que no confundirá a la secretaría técnica que ha tenido un año para formarse una opinión. Pero si bien un partido puntual no debe nublar el criterio madurado durante meses, las circunstancias vividas ante el Levante son un ejemplo de la composición imperfecta de los centrales de la plantilla. 

Antes del partido, la intención del área deportiva era mantener la próxima temporada a los cuatro centrales que hay actualmente, pese a que Valverde ha enviado muestras inequívocas de cierta desconfianza hacia los suplentes. El técnico ha sido prudente con las rotaciones defensivas, hasta el punto de exigir al máximo un Gerard Piqué, que en muchos momentos ha tentado la suerte con su rodilla maltrecha.

La apuesta de la secretaría técnica

Un solo partido ha permitido entender el porqué de ese celo de Valverde. La lesión de un Vermaelen frágil físicamente y la actuación deficiente de un Yerri Mina en proceso de adaptación supone una combinación preocupante para el futuro. Y conste que el colombiano no puede ser el único que salga en la foto del día en que se rompió la racha de partidos invictos.  Porque ahora que parece que se ha abierto la veda para analizar todas las acciones de Yerri Mina, cabe decir que en cada uno de los goles donde aparece retratado hay al menos algún otro compañero que se equivoca tanto como él. Una vez más, un solo partido no puede salvarle o condenarle.

Pero la secretaría técnica debe plantearse si puede ser compatible tener un buen tercer central como Vermaelen, pero que no da garantías de poder jugar muchos minutos, junto a un cuarto central como Yerri Mina, que aún debe entender los mecanismos de juego del Barça. Quizás el problema es que Vermaelen y Yerri Mina cumplen el mismo rol: desde la veteranía o desde la juventud, ambos pueden cumplir a la perfección el papel de cuarto central, pero ninguno de ellos es suficientemente fiable, por físico o por experiencia, para ser el tercero.

No se le puede pedir al club que tenga una plantilla con 22 jugadores titulares, el precio que eso costaría es inasumible. Pero Valverde merece, por lo que se le exige, que el primero de los suplentes de cada línea sea lo más próximo posible a un titular. Y aunque Vermaelen, por calidad, pudiera acercarse a ese ideal, su fragilidad defensiva convierte la apuesta en una moneda al aire tan arriesgada como la previsión sobre la adaptación de Yerri Mina.

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