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mazado económico

En la actual crisis las siglas del FMI siguen frescas en la memoria argentina como el dedo inquisidor que les enseñó el abismo

Mauricio Macri, el presidente que apuntaba a un nuevo horizonte, regresa a las entrañas de la peor crisis argentina. El candidato elegido para romper el bipartidismo y superar la última etapa peronista liderada por Cristina Fernández de Kirchner, vuelve a la nefasta memoria que Argentina conserva de su última gran crisis. Recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) despierta el espíritu de su derrota colectiva mas reciente: la pesadilla del 2001, cuando este organismo internacional, al que Argentina ligó su economía para frenar la inflación, acabó cortando el crédito, resultando primero en el corralito y la salida de capitales del país y después en una crisis profunda, que dejó a la clase media tiritando y sin ahorros y a los más pobres, en un país considerado granero del mundo, entregados a la ayuda humanitaria. Dos décadas después, las siglas del FMI siguen frescas en la memoria argentina como el dedo inquisidor que les enseñó el abismo.

Ni los economistas de Harvard y Oxford, un equipo de jóvenes expertos, que Macri ha llevado al Gobierno para dibujar un paisaje diferente, libre de turbulencias financieras, han sido capaces de devolver a la ortodoxia económica a un país que cíclicamente desciende a los infiernos del capital. Pero en contra de lo que pueda parecer, no todo es culpa del Gobierno, o no solo de ellos. Heredero de un país hipotecado a la deuda, Macri intentó una recuperación económica progresiva, por etapas, intentando evitar los peores recortes, los que hubieran impedido rescatar de la indigencia a algunos de los más pobres del país o que hubieran acabado con unas pensiones de cuya hucha solo heredó telarañas. El gasto público es casi la mitad de todo lo que produce Argentina, una proporción digna de país escandinavo, pero con un retorno que apenas alcanza a mantener servicios básicos. Con la subida de los tipos del dólar y el petróleo más caro, las economías que viven de sus materias primas, sufren. La de Argentina, con una deuda asfixiante se desploma de nuevo y las inversiones internacionales, que Macri apostó por traer, se han ido mas rápido de lo que llegaron.

Conciencia dolida

El FMI tiene la conciencia dolida de aquella crisis, a la que contribuyó, lo que hace probable que el préstamo ahora venga en condiciones mas ventajosas, tal vez con interés por debajo del mercado. Pero las políticas del FMI impopulares en muchos países, en Argentina generan un odio visceral porque recuerdan el síntoma de la peor derrota. Con buena parte de la clase media aún no resarcida, la mayoría sigue recordando su influencia envenenada. Por eso este nuevo préstamo puede ser el final del crédito al proyecto Macri, que vuelva el peronismo y que la idea de cambio se quede en un experimento tan triste como inútil. Porque aunque sean condiciones favorable, las consecuencias del rescate serán dolorosas e impopulares. Devolverán a Argentina a tirar de usura por mercados externos que en el interior del país acabarán pagando, como siempre, los más vulnerables. 

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