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DOS MIRADAS

Cada día bajan del cielo unos 800 millones de virus por metro cuadrado. No puedo imaginar nada peor

No puedo imaginar una noticia más aturdidora para un hipocondríaco que la que leí hace unos días sobre la presencia de virus en la superficie terrestre. Bajan del cielo, que, dicho así, en general, no significa nada, pero que, entrando en detalle, hace referencia a un espacio que hay en el límite de la troposfera, pero por debajo de la capa de ozono, allí donde campan los aviones a reacción. Es decir, el cielo, y bajan de este cielo y se depositan entre nosotros y son, por metro cuadrado, unos ochocientos millones. Lo digo con cifras: 800.000.000 de virus que cada día nos visitan. No puedo imaginar nada peor, porque virus es igual a epidemia, infección y enfermedad, y no hay jabón ni gel de manos desinfectante, ni mascarilla ni escafandra que puedan evitar esta invasión diaria por metro cuadrado. Vienen del mar o de las tormentas de polvo y se elevan hacia la atmósfera, donde también habitan, y circulan por todo el planeta a una velocidad impensada, sin miramientos.

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La parte positiva de la noticia, una investigación publicada en el 'International Society of Microbial Ecology Journal', es que los hay de peligrosos y nocivos, pero también hay muchos que "modulan la función y la evolución de todos los seres vivos ". Es decir, que son imprescindibles para la vida. Esto me calma un poco y, sin embargo, no puedo dejar de pensar en los 800 millones que me caen encima. Es entonces cuando me doy cuenta, como Ungaretti, que soy "una dócil fibra del universo".

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