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El nudo gordiano de ERC

Joaquim Coll

Esquerra tiene 15 días para decidir si corta con Puigdemont o se deja arrastrar a una repetición electoral

A 15 días de que venza el plazo para investir 'president', la inquietud entre los republicanos es enorme. Después de ir repitiendo desde hace cuatro meses que la formación de Govern era solo cuestión de días, la incertidumbre se ha transformado en pánico porque casi todos sospechan ya que Carles Puigdemont quiere forzar nuevas elecciones para canibalizar a ERC e intentar alzarse con la victoria como primera fuerza por delante de Ciutadans. Con ello buscaría proyectar internacionalmente el triunfo del legitimismo que él dice representar frente al Estado español.

Tras la reunión de JxCat en Berlín, es evidente que la reforma de la ley de la presidencia para posibilitar una elección telemática no ha sido más que una argucia para alargar la situación, aunque para ello los independentistas han tenido que repetir el esperpento antidemocrático de septiembre pasado cuando aprobaron las leyes del referéndum y de la transitoriedad jurídica de la república catalana. Al igual que entonces, se han vuelto a saltar el informe de los letrados del Parlament y del Consell de Garanties Estatutàries, además de pisotear los derechos de la oposición. Pero la reforma ha sido un ejercicio inútil, pues las leyes en Catalunya no entran en vigor hasta que no las firma el presidente de la Generalitat, cuyas funciones ejerce ahora mismo Soraya Sáenz de Santamaría, cosa que no hará porque el Gobierno español la va a recurrir ante el Constitucional.

Que volvamos a elecciones depende de Puigdemont, que insiste en ser investido antes del próximo 14 de mayo, sabiendo que es legalmente imposible y que ERC no querrá cruzar la línea de la desobediencia. Es otra de forma de agotar el calendario y de poner en apuros a los republicanos pensando ya en unos nuevos comicios. Puigdemont sabe además que en el camino hay dos circunstancias que pueden ayudarle a lograr su objetivo. Primero, si el TC acepta en breve las medidas cautelares solicitadas por Ciutadans en su recurso contra el voto delegado de Puigdemont y Toni Comín, por vulnerar el reglamento de la Cámara. Es un fraude de ley clarísimo. Eso dejaría a JxCat y ERC sin posibilidad de sacar en segunda vuelta una investidura in extremis de cualquier otro candidato (sin cargas judiciales) que no tuviera también el apoyo de la CUP. Para evitar el naufragio, esos dos diputados deberían renunciar a sus actas, decisión improbable a estas alturas.

Finalmente, hay otra circunstancia que puede avalar el argumento de la repetición electoral: la decisión de los jueces de Schleswig-Holstein, cuyo plazo para decidir sobre la euroorden respecto a Puigdemont acaba en principio el 26 de mayo, cuatro días después de que venza el plazo para investir 'president'. Si su veredicto se produce antes del 22 de mayo, puede acabar siendo la excusa perfecta para inclinar la balanza porque el impacto emocional será enorme tanto si lo extraditan como si lo exoneran. El dilema para ERC es ya inaplazable. Tiene 15 días para decidir si se atreve a cortar el nudo gordiano que lo ata a Puigdemont o se deja arrastrar al pozo del legitimismo irredento de una repetición electoral.

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