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Agatha Christie.

Contra Agatha Christie

Ramón de España

¡Dios, una nueva adaptación cinematográfica de Agatha Christie! Ahora le toca a 'La casa torcida', mientras que hace unos meses le tocó, una vez más, a 'Asesinato en el Orient Exprés', cuando somos legión los que aún recordamos la versión de los años 70 con el pobre Albert Finney haciendo de Poirot. El mundo de los devotos del 'noir' se divide entre los que adoran a Agatha Christie y los que la detestan, como yo, que no entiendo cómo se puede perder el tiempo con la señora Christie habiendo tantas y tan buenas novelas de Georges Simenon, alguien que siempre tuvo en cuenta el factor humano.

No negaré que las novelas de la tía Agatha funcionan con la precisión de un reloj suizo, ni que su estructura y carpintería son impecables, pero no conducen a ningún sitio a cualquiera que vaya más allá de sorprenderse al descubrir que el asesino es el mayordomo (salvaré 'El asesinato de Roger Ackroyd' por estar narrada en primera persona por el asesino y no haberme dado cuenta hasta el final; ahí la vieja pudo conmigo).

"Sus novelas tienen la precisión de un reloj suizo pero no conducen a ningún sitio"

Sus personajes me cargan: no puedo con Hércules Poirot, ese belga pomposo, ni con la señorita Marple, cuyas principales virtudes son haber inspirado a la gran Jessica Fletcher de 'Se ha escrito un crimen' y haber sido interpretada en las adaptaciones de los años 60 por Margaret Rutherford, que era la versión británica de Mary Santpere y con la cara pagaba.

De los secundarios, mejor no hablar: acaba uno hasta el gorro de la solterona hipocondríaca, el militar jubilado y el maldito vicario. No hay un atisbo de humanidad en las ficciones de la señora Christie. Leerlas es como jugar al Cluedo, pero más aburrido. Puede que como manuales de instrucciones para quien quiera dedicarse al thriller tengan alguna utilidad, pero su relación con la condición humana -de la que el crimen es una de sus más pintorescas y reveladoras características- es prácticamente inexistente. Aunque no hay duda de que cuentan con un público nutrido y fiel, que debe ser también el de sus adaptaciones audiovisuales.

Sin duda alguna, Christie es más fácil de adaptar que Simenon. Basta con una serie de actores de postín que impriman cierta apariencia de humanidad a sus personajes de cartón piedra y un director con cierto dinamismo, aunque sin exagerar, ya que los originales son de tono pausado.

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