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Dos miradas

Todo un ministro de Justicia considera que ejercer la libertad de expresión es una suerte, un premio añadido, una concesión graciosa

La verdadera esencia del PP -esta locura antidemocrática y autoritaria en la que vivimos- se resume en las palabras que, en sede parlamentaria (no en un programa de insultos tabernarios), el ministro de Justicia espetó a Carles Campuzano. "Tiene mucha suerte, usted es muy afortunado, porque puede venir a esta Cámara con ese ofensivo lazo amarillo". Dejemos de lado el adjetivo. El PP, y muchos otros, convierten la política - siempre - en una trifulca de insultos tabernarios, y tanto es el lugar desde donde hablen. Siempre flota el espíritu del "hooligan". Rafael Hernando, el portavoz en el Congreso, dijo que llevar el lazo amarillo "es gafe para algunos", en referencia a la eliminación del City de Guardiola. Este es el concepto: hablar como si el mundo fuera el 'Chiringuito de Jugones'. Pero dejemos al margen la manía al amarillo, y la mala suerte que, por cierto, se concentra sólo en el teatro, y vamos al fondo de la cuestión.

Todo un ministro de Justicia considera que ejercer la libertad de expresión es una suerte, un premio añadido, una concesión graciosa. Pues, no, señor Catalá. Resulta que no lo es, que poder ir al Congreso a exigir, a reclamar, a dialogar, a hablar o a expresar unas ideas es fruto de una lucha insistente a favor de los derechos democráticos en la que murieron y fueron encarcelados o se exiliaron muchos ciudadanos. No es una suerte. Pero usted cree que sí. Y eso sí que es una ofensa. A la memoria y a la justicia.

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