05 abr 2020

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ANÁLISIS

El pleno del Parlament.

PERE FRANCESCH (ACN)

Reconocer al otro

Jordi Costa

La sociedad catalana plural, en la que desde hace mucho tiempo han convivido distintas sensibilidades políticas y culturales, está en riesgo

La sociedad catalana plural, en la que desde hace mucho tiempo han convivido distintas sensibilidades políticas y culturales, está en riesgo. La pluralidad en la que convivíamos ha dejado paso a la polaridad. Una parte muy importante de la sociedad catalana anhela la independencia. Entiende que no es posible conseguir una sociedad mejor dentro de España. Conceptúa el proceso independentista como un derecho irrenunciable y considera injusta y arbitraria la encarcelación de los líderes independentistas.

Otra parte muy importante quiere seguir unida a España. Entiende que conseguir una sociedad mejor es compatible con continuar dentro del Estado. Conceptúa el proceso independentista como una flagrante ilegalidad y considera ajustada a derecho la encarcelación de los líderes independentistas. Cierto es que, a su vez, dentro de cada bloque, hay personas que matizarían lo expuesto anteriormente y que existe otra parte de la sociedad catalana que asiste perpleja y ajena a esta polaridad, pero la polarización de una parte muy importante de la sociedad es un hecho difícilmente negable.

Lógica maniquea

En una peligrosa lógica maniquea, ambos bloques se desvalorizan mutuamente. No consideran legítimas las propuestas del otro y no están dispuestos a renunciar a sus posiciones, porque consideran que la realidad es como ellos la ven. El diálogo ha sido sustituido, una veces por el ruido, otras por el silencio; los puentes de conexión están destruidos y cada bloque parece estar más cómodo atrincherado en sus posiciones.

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Este panorama complica sobremanera la salida negociada del conflicto. Quienes negociamos habitualmente en interés de alguien que nos lo encarga, sabemos que es imprescindible saber qué es lo que quiere nuestro representado, con la finalidad de poder  conseguir un acuerdo que satisfaga sus intereses. Escucho voces que hablan de negociar el conflicto Cataluña-España para solucionar el conflicto. La realidad es más compleja. A día de hoy, en una Cataluña tan polarizada, con intereses y sensibilidades tan distintas, para negociar en nombre de Cataluña, si es que eso es posible, sería necesario identificar con claridad unos intereses ampliamente compartidos, para lo que se precisará llevar a cabo un amplio dialogo, en el que participen todas las distintas sensibilidades de la sociedad catalana.

Si alguien pretende negociar y salir del conflicto, solo desde la posición de uno de los bloques, la polaridad continuará y la sociedad catalana perderá. Lo primero es restablecer puentes, reconocer al otro, escucharle y tratar de entender sus puntos de vista. De esta manera, podrá  deshacerse  la polaridad y regresar a la pluralidad. Tras esto, habría que identificar unos intereses comunes a toda la sociedad catalana que, aunque no sean el ideal de máximos de cada uno, respondan a un marco de convivencia y desarrollo aceptable para la gran mayoría. Y finalmente, sería necesario que los líderes políticos entiendan todo esto, sepan negociar y puedan conducir a una solución efectiva.